La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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Pedro Sánchez tiene razón en una cosa

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. 21/6/2021
photo_camera El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. 21/6/2021

No, no estoy de acuerdo con los indultos. Pero sólo diré una cosa más sobre esto. Detrás del atropello de Pedro Sánchez late una errónea concepción de la vida social donde se niega la existencia de una verdad sobre las cosas. En el mundo de los relativistas, todo es posible y dúctil, nada es inamovible, no hay principios irrenunciables. Sobre todo, si la acción sometida a juicio contribuye a un bien mayor.

Esto es terrible en el fondo, aunque el líder del PSOE ni lo sospeche. O le dé igual. O esté tan ofuscado por pasar a la historia como un héroe nacional que no atienda a nada ni a nadie. Pero el riesgo existe, porque esta es la base y alimento de cualquier tiranía: si no hay verdades absolutas, un bien o un mal con entidad propia, sólo queda la ley del más fuerte.

Pero dicho esto, vamos a lo que sucederá en España en los próximos meses. Aprobados los indultos, Pedro Sánchez tiene razón en una cosa: los catalanes sensatos se han quedado con pocos argumentos de peso para seguir enrocados en una vía unilateral hacia la independencia.

El presidente del Gobierno español ha hecho algo insólito: acaba de firmar su posible suicidio político si todo esto no sale como ha previsto. Y ese esfuerzo sólo tiene un propósito: realizar un gesto de distensión, tender la mano, realizar esa muestra de sintonía y cortesía que los catalanes llevan años demandando.

Se acabó el victimismo. Ya no tiene un pase seguir quejándose de Madrid, de la España cerril y centrípeta. Ya no. Acaba de producirse un movimiento sin precedentes. Contra viento y marea, y dejándose muchos pelos en la gatera, el líder socialista ha movido pieza: ha sido generoso hasta más allá de donde debía. Tanto que ha puesto su futuro político en juego.

¿No se le va a reconocer ese gesto? ¿Van a permanecer indiferentes? ¿Seguirán atrincherados en la queja permanente o serán ellos mismos generosos y buscarán el entendimiento? ¿Cómo entienden que les juzgará entonces esa comunidad internacional por la que se desviven con tanto celo?

Ojo. No estoy hablando de los fanáticos: esos están cómodamente enriscados y nadie les va a mover de su posición ultramontana. A esos hay que darlos por perdidos. Tampoco son mayoría. Me refiero, insisto, a los catalanes con sentido común, a aquellos que se dejaron llevar por los extremistas, encantados de chocar con el resto de España tras años de sentirse ninguneados.

Pues se acabó el ninguneo. Sobre la mesa hay un insólito movimiento hacia la concordia (creo que le he pillado manía ya a esa palabra) que está pidiendo a gritos una respuesta a la altura de las circunstancias.

Me extrañaría mucho que esta puesta en libertad de los políticos en prisión deje impertérritos a esos catalanes de bien. Dicho esto, tenemos delante de nuestras narices precisamente otra piedra de toque de gran valor para medir, una vez más, el grado de encastillamiento de la causa independentista.

Más en twitter: @javierfumero

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