La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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Doctor, me gustan algunas cosas de Vox. ¿Tengo cura?

Mitin de Vox en Vistalegre (Madrid), en octubre de 2018.
photo_camera Mitin de Vox en Vistalegre (Madrid).

El otro día me encontré con un conocido y se desahogó. Lo confesó todo: no es que hable catalán en la intimidad, me dijo, sino que –y lo que es peor- siente alguna sintonía con determinadas propuestas de Vox. Admitió que lleva meses intentando hacérselo mirar, espantar esos pensamientos, curarse en definitiva. Pero es superior a sus fuerzas.

Su vida no se la desea a nadie. Cuando baja la guardia –me explicaba-, cuando no está alerta, le asaltan ensoñaciones perversas. Se descubre imaginando qué sería de este país sin las autonomías, por ejemplo. Tremendo. Al final se siente un poco sucio pero, durante unos instantes, siente el placer de haber fantaseado con la eliminación de ese estado autonómico.

Sufre por lo que disfruta imaginando una Administración pública reducida a la mínima expresión, sin organismos duplicados, sin el caos que provocan leyes regionales que contradicen a las estatales, con el ahorro que todo eso supondría para el contribuyente… como sucede en países tan avanzados como el Reino Unido, por ejemplo.

No queda ahí la cosa. Jamás admitirá en público que ve con buenos ojos una bajada generalizada de los impuestos. O la eliminación de esa ley de violencia de género tan polémica ahora por lo de Andalucía. Pero es así. No está en contra de implementar medidas para proteger a la mujer. Ni mucho menos. A lo que se opone es a las medidas concretas que han aprobado PSOE y Podemos.

Las cambiaría por otras, mucho mejores, más ecuánimes. Porque a la actual ley –dice- sólo la salva que es la primera: en ese sentido es de alguna ayuda para paliar esta plaga. Pero importantes juristas admiten –ellos también sin levantar mucho la voz, avergonzados- que es una norma nada garantista: tiene mucho peligro. Porque se atropellan derechos de modo flagrante y peligroso. Para empezar, la presunción de inocencia de los varones.

Un ejemplo: hay abogados especializados en procesos de divorcio que, en defensa de la mujer, están advirtiendo a la parte contraria que si no aceptan sus severas condiciones alegarán violencia de género. Por más falsa que sea la denuncia, con la ley actual, además de arruinados acabarán al menos unos días en la cárcel. Sin ningún género de duda.

Todo esto se podría mejorar sin disminuir ni un milímetro la cruzada contra los hombres que abusan de la fuerza. Pero ahora es imposible. De hecho, este conocido concluía su desahogo con un inquietante corolario: por lo pronto, este debate no se puede abrir. Quien se atreva a salir de este armario será sometido a un linchamiento.

Será linchado en plaza pública y enviado al doctor: está usted gravemente enfermo. Es facha, ultraderechista y cavernícola. No se contraponen argumentos (¿se acuerdan de lo que era eso? “usted enfoca mal este asunto por…”, “se equivoca en esto otro”, “lo que dice ahí es insostenible por esto y por aquello”…) sino que se reparten letras escarlatas para marcar al impuro.

Por eso he querido dar voz hoy a mi anónimo amigo. Porque nos está quedando una sociedad estupendamente tolerante y abierta. ¿No les parece?

Más en twitter: @javierfumero

 
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