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Errejón no es un traidor… ni Pablo Iglesias, un bocachancla

Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, en el Congreso.
photo_camera Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, en el Congreso.

Pablo Iglesias está que trina. Y se le nota. El secretario general de Podemos no acudió al Consejo Ciudadano Estatal de la formación en el que se debatía el futuro del partido en la Comunidad de Madrid. Pero publicó una carta en Facebook dividida en diez puntos para decir lo que pensaba.

Sigue apostando por la marca ‘Unidos Podemos’ para la candidatura a las elecciones autonómicas en la capital, porque refuerza la imagen de Podemos como herramienta que forzó la moción de censura y que teje acuerdos con el Gobierno para sacar adelante los Presupuesto Generales del Estado. Y añadió:

-- “La propuesta de superar Unidos Podemos como referencia política del cambio, que representa lo poco que conocemos del nuevo partido de Íñigo y Manuela, es un planteamiento que me parece erróneo pero que es legítimo”.

Pero a continuación, en el punto ocho de ese decálogo, desliza una curiosa referencia al candidato de ‘Más Madrid’, en estos términos:

-- “Íñigo a pesar de todo, no es un traidor, sino que debe ser un aliado de Podemos”.

La frase se ha interpretado, de forma prácticamente unánime, como una marcha atrás de Pablo Iglesias, como si de una declaración de paz se tratara. Pero de eso nada.

La expresión recuerda un paradigmático suceso acaecido en los Estados Unidos, utilizado por los expertos en comunicación para recordar las cautelas que deben tomar los políticos al hablar en público. Porque, voluntariamente o no, algunas palabras consiguen el efecto contrario de lo que parecen perseguir. Se cita el caso de Richard Nixon.

Nixon, acosado por la opinión pública y el caso Watergate, convocó a los periodistas el 17 de noviembre de 1973 para una rueda de prensa. Ese día, como presidente de los Estados Unidos, afirmó con vehemencia aquello de: “I am not a crook” (“¡Yo no soy un ladrón!”).

Grave error. Sólo escuchar esa mención en boca del líder del país provocó que todos asociaran en su mente dos palabras que, hasta ese momento, todavía eran ajenas entre sí: “Nixon” y “ladrón”. Fue su sentencia de muerte. Convirtió en factible lo que antes resultaba improbable para la mayoría de los ciudadanos.

¿Se dan cuenta? “Errejón” y “traidor”... Menudo cóctel. Pablo Iglesias ha lanzado una acusación sin pronunciarla. Ha relacionado a Iñigo Errejón con la palabra “traidor” y ha dejado ahí la asociación, como flotando en el aire, para que calara bien en la mente de los ciudadanos.

Esta maniobra indica el nivel de enfado que tiene Pablo con lo que irónicamente llama “la izquierda amable”. No soporta esta deriva. Ni comparte sus objetivos. De hecho, en la carta de Facebook alerta contra esos “sectores del poder” que tratan de “lanzar un modelo macroniano de gran centro, con un PSOE susanista y Ciudadanos como protagonistas”. Para ese fin, explica Iglesias, se ha montado esta “izquierda amable escindida de Podemos”.

Vaya calcine tiene. Si Errejón quisiera guerra podría salir mañana a decir que menos mal que Pablo Iglesias no es un bocachancla (dícese de la persona indiscreta y bocazas, del individuo que hace comentarios a destiempo) porque así podrán entenderse, como parece sugerir. ¿Lo pillan? Pablo Iglesias, bocachancla…

Más en twitter: @javierfumero

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