La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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Felipe VI está engordando

Felipe VI en la cabina de un helicóptero "Superpuma" del Grupo 82 de Fuerzas Aéreas, en la Base Aérea de Gando (Gran Canaria).
photo_camera Felipe VI en la cabina de un helicóptero "Superpuma" del Grupo 82 de Fuerzas Aéreas, en la Base Aérea de Gando (Gran Canaria).

Hay mucho nerviosismo porque Isabel Díaz Ayuso puso el domingo al Rey Felipe VI en el candelabro, que diría el otro. Hay miedo a “desgastar” a su majestad, leo por ahí. Indignación porque se “manosea” –dicen- a la primera institución del país. Hartazgo porque a la quema de fotos y pitadas en algunos estadios, ahora se suma el posible uso político de la imagen regia.

Yo soy de la opinión de que en esta cuestión vale ese dicho que dispone de dos versiones: lo que no mata, engorda; lo que no te mata, te hace más fuerte. El Rey de España es hijo de su tiempo. Vive en una sociedad muy distinta a la de su padre. Por lo tanto, es consciente de que se enfrenta a nuevos desafíos. Cito sólo unos pocos:

-- Exigencia de máxima transparencia; especial deber de ejemplaridad; una sociedad más reivindicativa y con un mayor nivel de crítica; más elementos de control y vigilancia gracias, por ejemplo, a unas redes sociales que convierten en viral cualquier mínimo detalle: un vestido reciclado, una mala cara, un remango; un rechazo visceral a lo impostado y artificial; creciente demanda de igualdad

No es que hace cuarenta años no existiera ninguno de estos retos. Pero hoy están especialmente en primera línea. Hay una sensibilidad sin precedentes hacia ellos. Obviar esta circunstancia puede llevar a cometer errores graves y terminar distanciado de los ciudadanos, percibido como un ser extraño y prescindible.

No veo a Felipe VI ajeno a todo esto. Todo lo contrario. Creo que el Rey entiende muy bien su papel y las circunstancias en las que le ha tocado desempeñar su función. No le cae simpático a todo el mundo… y no pasa nada. Parte de su trabajo consiste en lidiar con esas asperezas e intentar sacar el máximo partido de ellas.

Como ya he dicho en alguna otra ocasión, el Rey está ejerciendo bien su función de jefe del Estado siempre bajo el control del poder legislativo y del ejecutivo. Felipe VI reina pero no gobierna. Sus poderes están limitados, sí, pero está desempeñando una misión clave en estos tiempos: estar por encima de las ideologías, situado en medio del tablero, y actuando, desde esa neutralidad, como un elemento de unidad, estabilidad y cohesión.

Precisamente este perfil integrador, sumado a su carácter de elemento permanente (cambian los gobiernos y las ideologías pero él permanece) dota al Rey de un prestigio especialmente fundamental fuera de España. Nuestro país se beneficia mucho de esto. Es un valor. Ojo: Felipe VI es recibido en ocasiones por mandatarios que no están dispuestos a sentarse a negociar en ese momento con dirigentes políticos españoles. Esa labor de puente le conviene mucho a España para recomponer relaciones o lograr acceso puntual a determinadas administraciones.

Lo veo paciente, cercano, empático. Sin cometer imprudencias. Ejerciendo un papel de líder. Intenta ser un polo de unión, ajeno a batallitas particulares. Centrado en su papel de mediador y dando voz a todos los españoles que quieren el bien del país. Y todo esto, a pesar de los pesares.

Por eso pienso que el Rey está engordando, gracias también a las contradicciones que está teniendo que afrontar.

 

Más en twitter: @javierfumero

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