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La gran pifia de Pedro Sánchez e Iván Redondo: agitar la bestia de Vox

Pedro Sánchez con Iván Redondo en Moncloa
photo_camera Pedro Sánchez con Iván Redondo en Moncloa

Lo que intentaban Pedro Sánchez e Iván Redondo era muy complicado. Exigía un maniobra propia de equilibristas. Porque agitar un avispero, liberar una bestia o jugar con fuego son acciones que tienen algo de impredecibles: el experimento podía acabar en tragedia.

Vox ha dominado la recta final de la campaña electoral. Ha marcado territorio gracias fundamentalmente –y aquí está el meollo de la maniobra de Roberto Alcázar y Pedrín- al protagonismo otorgado, gratis et amore, por el Gobierno en funciones.

Insisto: ha sido una estrategia premeditada. ¿Qué hacer –se dijeron en Moncloa- si el votante de izquierdas está calcinado con los socialistas por no haber llegado a un acuerdo con Podemos? ¿Qué hacer cuando una parte importante de la ciudadanía está desmovilizada y anuncia una abstención de libro?

Crear un enemigo común: ese ha sido el objetivo prioritario. Provocar a la bestia, sacarla a pasear y darle los suficientes palos para que los alaridos se escucharan hasta en Kuala Lumpur. Generar un clima de miedo y tensión que metiera en danza a tus parroquianos, los sacara de la siesta y acudieran a depositar su voto en las urnas, una vez más con la nariz tapada. “¿De verdad quieres que estos ultras gobiernen tu país?”. Ni de broma, a votar.

Pero el riesgo era grande. Si en este tipo de operaciones no se miden bien los tiempos y las formas el PSOE podía salir trasquilado. Se vio en la elecciones andaluzas que permitieron el milagroso vuelco electoral que desalojó del poder a los socialistas por primera vez en democracia.

También en aquella ocasión el CIS pronosticó una victoria abrumadora del PSOE, también en aquella ocasión la semana previa a las elecciones Vox pegó un subidón de aúpa (en este caso, Susana Díaz no lo vio venir)… y se produjo lo inesperado: los socialistas ganaron los comicios pero la derecha logró sumar una mayoría suficiente que le permitió cambiar el colchón de San Telmo.

El PSOE no ha logrado –ya lo podemos decir- que las incertidumbres (Cataluña y el miedo a Vox) empujaran en modo suficiente al votante “cauteloso” a favor del Gobierno en funciones. Sucedió en bastantes casos, es cierto. Les pongo un ejemplo. Este es el tuit que publicó en su cuenta hace unos días Juan Soto Ivars, periodista y escritor:

-- “Menos ganas de votar que yo no creo que tenga nadie. No quiero hacerlo y lo dije: abstención. Es lo que merecen estos políticos, pero me la envaino. Si no votas, los escaños son los mismos y no has contado en cómo se reparten. Así que yo a votar, y a cargarme en sus muertos”.

¿Ven lo que les digo? Pues de estos ha habido muchos. Sin embargo, el PSOE ha pinchado. Va a pasar a la historia como el principal responsable de que una derecha que se encontraba tocada y hundida (66 + 24) haya resucitado en sólo siete meses: 90 + 52.

A ver cómo se digiere eso.

Más en twitter: @javierfumero

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