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Que se hable de Pedro Sánchez, aunque sea mal

Pedro Sánchez en el avión oficial
photo_camera Pedro Sánchez en el avión oficial

Me cuentan personas con acceso a la sede socialista de Ferraz una tesis que circula por allí para explicar gestos, iniciativas y acciones promovidas por Pedro Sánchez en los últimos tiempos. Como el famoso libro del colchón, ese ‘Manual de Resistencia’ que fue presentado este jueves y ha generado tantos comentarios, la mayoría de ellos, no muy positivos.

Al parecer, hay quien sostiene que Pedro Sánchez logrará los 140 escaños que tiene como objetivo “siguiendo la misma estrategia que Donald Trump”. Para estos asesores, el presidente norteamericano habría logrado llegar a la Casa Blanca gracias a un plan que contempló fundamentalmente la máxima exposición mediática al precio que fuera necesario.

Según estos analistas, las polémicas también son beneficiosas. Aunque a primera vista parezca lo contrario. Aunque inicialmente se ridiculice su figura o algunos aprovechen para verter durísimas críticas. Trump –añaden- también fue objeto de una campaña atronadora, de alto voltaje (con acusaciones de machismo y abusos incluidas) y eso no le impidió ganar las elecciones.

La moraleja con la que estos consejeros cierran su planteamiento es que Pedro Sánchez será el próximo presidente del Gobierno aupado por ese ruido mediático, alimentado por las redes sociales, capaces de generar una ola incontenible sobre la que se puede navegar.

Insisto. Este razonamiento se lo escuché a una persona con acceso a dirigentes del PSOE y al entorno presidencial. Lo remarco porque cuando me lo contaron por vez primera tuve que pellizcarme. Y días después, sigo perplejo.

No es que no me convenza. Es que me parece una majadería absoluta. Por lo pronto, porque supone una simplificación vergonzante de lo que sucedió (y sucede) en Estados Unidos con Donald Trump. No se puede limitar el éxito del 45 presidente de los estates a la capacidad de generar ruido que tuvo. Vamos, poder se puede. Pero es de una superficialidad asombrosa.

Es pasar por alto la capacidad que tuvo el magnate de aglutinar el voto blanco, antiestablishment, a una clase trabajadora golpeada por la globalización y que vive la política con hastío. Es pasar por alto el odio a Hillary Clinton que movilizó, como pocas cosas, a los votantes de zonas rurales contrarias a la élites gobernantes de toda la vida. Por ejemplo.

Espero sinceramente que Pedro Sánchez no esté cabalgando esta ola de notoriedad vacía, de pastaflora, a golpe de intuiciones de este estilo. Sería su ruina.

Más en twitter: @javierfumero

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