La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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Una historia luminosa en medio de la pandemia

La pérdida de ingresos pone en dificultad a familias y particulares para el pago de las deudas
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He decidido dedicar esta entrada del blog a una de esas historias emocionantes surgidas en plena pandemia. Estos días circulan testimonios impresionantes y relatos sobre actitudes ejemplares. No son pocos. Abundan y eso es digno de mención.

Me he fijado en el mensaje de una tuitera llamada Bea a la que descubrí este miércoles contando lo siguiente:

-- Me acaba de llamar mi casera. Os voy a hacer un resumen. Solo ha hablado ella, a mí no me ha dejado:

"Bea, yo he estado pensando mucho en tu situación y he decidido que no me pagues más el piso. Ni este mes, ni los que vienen.

Céntrate en no coger el virus. No te pongas mala, por favor. Lo último que te faltaba a ti ahora es tener que pensar en el alquiler. Vives en tu casa y no te voy a echar, ni ahora ni nunca.

Cuando esto acabe no vas a tener trabajo porque no va a ser fácil encontrarlo y, si estás pensando en cómo pagarme, te bajarán las defensas y te pondrás mala. Y yo solo quiero que estés bien.

Así que no me pagues. Te olvidas y ya hablaremos en unos meses o cuando sea. Cuando tu situación haya cambiado".

A continuación, Bea añadió:

-- Isabel, se llama mi casera. Y está sola en su casa porque es una persona de alto riesgo, con una enfermedad pulmonar crónica. Y si salimos adelante, será por ella y por gente como ella, no por los políticos que nos gobiernan. Y fin. Me voy a seguir llorando tranquila, no sé si de alegría por haberla conocido o de impotencia por no poder abrazarla.

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La historia iba acompañada de otros mensajes, con la reacción de muchos tuiteros. La mayoría escribía para congratularse con la protagonista, para alabar a la dueña del piso y felicitarse por la existencia de personas así. Otros se mostraban bastante más incrédulos: algo así es imposible, decían, todo es demasiado bonito para ser verdad.

Alguno razonaba que, pareciéndole bien la historia, tampoco se debe demonizar ahora a los caseros que no condonan deudas. Muchos no pueden permitirse ser tan generosos. Por ejemplo, los que deben abonar, con el dinero de ese alquiler, la cuota mensual de la hipoteca que recae sobre la propia vivienda.

En cualquier caso, el relato que he descrito tenía 21.000 retuits y 79.000 me gusta. Tuvo bastante audiencia y no me extraña. Uno piensa que, apoyados en gestos de este tipo, este país saldrá adelante cuando pase esta terrible tormenta.

Hay mezquindad, vileza y ruindad a nuestro alrededor pero también personas como la casera de Bea. Con un puñado de actos como este se pueden poner los cimientos de una recuperación que nos deje una sociedad mucho más digna que la que teníamos antes. Es cuestión de ir sumando adeptos.

Más en twitter: @javierfumero

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