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Insólito: indecisos pero sobre todo infieles

Votación en unas elecciones.
photo_camera Votación en unas elecciones.

Las casi 17.000 encuestas presenciales del infumable barómetro del CIS que Tezanos difundió esta semana permiten, a pesar del atropello del sociólogo de cabeza de Pedro Sánchez, extraer algunos datos útiles, relevantes, significativos.

Uno que me ha llamado la atención se lo he leído al politólogo Lluís Orriol. Según ha explicado, un “invitado especial” de estas elecciones es el “voto no seguro”, es decir, el número de votantes dispuestos a cambiar su voto. Es un fenómeno insólito en estas elecciones. Nunca antes se había dado, al menos en esta proporción.

Va más allá del número de indecisos, que es también inusitadamente alto. Pero esto, en mayor o menor medida, es algo conocido. Los que dudan han crecido: lo sabemos. Hay más partidos donde elegir tanto a la derecha como a la izquierda y eso favorece la incertidumbre.

Pero por primera vez en una elecciones generales quienes declaran tener intención de votar a un partido admiten que ahora están menos convencidos que antes. Por un lado, sienten dudas sobre si seguir apoyando a esa formación: la probabilidad de que les voten es menor. Y por otro lado, aseguran que se sienten atraídos por otros rivales más atractivos: la probabilidad de votar a otro partido es mayor que antes para ellos.

De ahí que, como se está diciendo, asistamos a una campaña electoral más decisiva que nunca. El votante, que está menos convencido del voto que nunca, son más proclives a ser seducidos en función de lo que suceda estas dos semanas de mítines, eslóganes, gestos y movilizaciones.

Orriol aporta un dato concreto sobre este incremento de la infidelidad, resultado de comparar los barómetros del CIS publicados en enero y febrero: la seguridad del voto al PP, al PSOE y sobre todo a Ciudadanos ha aumentado. Se ha mantenido estable en Unidas Podemos y ha caído de forma importante en Vox.

A mi modo de ver, la consecuencia directa de esta situación –que no habrá pasado inadvertida en la sede de los principales candidatos- es que los partidos que más crecen (PSOE, Ciudadanos y Vox) van a optar por arriesgar lo mínimo posible. La consigna será cometer el menor número de errores posible. Tienen mucho más que perder si se la juegan. De ahí que no vayamos a ver grandes anuncios por parte de esas formaciones.

Esto explica, por ejemplo, la decisión del PSOE de renunciar a un cara a cara en televisión con Pablo Casado (sólo beneficiaría a su rival), de negarse a acudir a TVE para un debate a cuatro (insólito con el apoyo que los socialistas han dado siempre a una televisión pública al servicio de los españoles) y apuesten por un debate a cinco en Antena 3, donde se diluirán los ataques al líder y habrá menos ocasión de patinar.

El PP y Podemos, sin embargo, van a tener que subir el tono y jugársela. Por eso vemos a los ‘populares’ pasándose de frenada estos días, cometiendo algunos errores de bulto. Y a Pablo Iglesias arremetiendo contra todo y contra todos: cloacas del Estado, IBEX 35, periodistas, televisiones… todo lo que se mueva. Toca exponerse. Como sea.

Más en twitter: @javierfumero

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