La España Profunda

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Mierda de política española

En España nos gusta fustigarnos, ya lo he dicho en otras ocasiones. Tenemos un complejo de inferioridad que nos devora. Parece que disfrutamos auto-flagelándonos: “somos los peores”, “lo nuestro no tiene remedio”, “damos mucha pena”, “no podemos salir de casa: hacemos un ridículo internacional”, “hay que ver lo mediocres que somos”, “nunca aprendemos”, “menudos gañanes estamos hechos: los otros sí que saben”…

Y así, año tras año. Pase lo que pase a nuestro alrededor.

Reaccionamos con estos lamentos incluso cuando surgen evidencias, formuladas por personas ajenas a nuestro derrotismo existencial, que desmienten esa presunta inferioridad y destacan más bien todo lo contrario: que España tiene un potencial enorme y que no tiene nada que envidiar a otros países supuestamente más dotados o brillantes. Pondré sólo dos ejemplos:

1. Recuerdo una entrevista al director de Estrategia de la gestora de fondos de ING Direct, de nombre impronunciable. Era un holandés lenguaraz y parlachín, que a su paso por Londres accedió a hablar del caso español. Estaba boquiabierto.

Destacaba dos cosas: a) Se mostró admirado de la rapidez y flexibilidad mostrada por España para reformar su estructura económica; “habéis hecho en unos meses lo que otros países acometen en 30 años”; y b) Es inaudito el boom exportador que vive España; con el mercado doméstico hundido, a las empresas no les ha quedado más remedio que ponerse a vender en mercados globales… y lo habéis conseguido: “los datos son espectaculares, España está aumentando su cuota de mercado en el mundo”. Es algo insólito.

2. He leído recientemente a una importante comentarista política española asegurar que el debate de ‘no investidura’ –esta nueva modalidad parlamentaria que habrá que incorporar al catálogo de rarezas de este país- no ha traído más que desdichas. Pero, ¿esto qué es? ¿Qué visión tenemos de las cosas? ¿En qué país vivimos? ¿Entienden lo que les digo sobre el pesimismo?

Desdicha podría considerarse en estos momentos, por ejemplo, haber nacido en el país teóricamente más democrático del mundo, Estados Unidos, inmerso en pleno proceso electoral y donde uno de los más firmes candidatos a acceder al poder es un señor xenófobo, racista, amante del ‘show business’ y del capitalismo salvaje, que se entretuvo el otro día en detallar el tamaño de su miembro viril en pleno debate en televisión ante todo el mundo. Estos son los yankees tan geniales de Silicon Valley. Y de Guantánamo, los asesinatos con armas de fuego, etc, etc.

Tampoco aquí tenemos que sufrir a una señora llamada Marine Le Pen, que pretende arrojar al mar a todos los inmigrantes que campan en la vecina Francia. Así, por las buenas. Sin libertad, ni igualdad, ni mucho menos, fraternidad.

Así que un poquito de por favor y algo más de autoestima colectiva. No tengamos miedo a los nuevos tiempos. Aunque mucho me temo que el problema es que a algunos estos tiempos les pilla bastante cansados.

Más en twitter: @javierfumero

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