La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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Los militares van a terminar ganándose el corazón de los españoles

Militares de la UME, en una intervención de la Operación Balmis.
photo_camera Militares de la UME, en una intervención de la Operación Balmis.

Quizás sea a base de catástrofes, pandemias y situaciones críticas cuando la sociedad española termine por valorar en su justa medida el desempeño de nuestros militares. España lleva años asistiendo, por ejemplo, al excelente trabajo de la Unidad Militar de Emergencia. Adscritos a este destacamento están los soldados que, en primer línea, ayudan a las autoridades locales a combatir incendios, inundaciones y catástrofes en general.

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Con el COVID-19 llegó la ‘Operación Balmis’, un impresionante despliegue por todo el territorio nacional de piquetes con la orden de desinfectar residencias de ancianos, colegios, aeropuertos, estaciones de tren y Metro… Allí, donde nadie se arriesgaba a ir o estaba prohibido presentarse, estuvieron ellos. Salvando vidas. 

Fueron incluso a Cataluña y el País Vasco, dos regiones hostiles hacia la causa militar. Allí se les desprecia y se les trata como a invasores, cuerpos hostiles, gente despreciable. Pero ellos, a lo suyo. En silencio, sin rechistar. Hasta velaron durante días los solitarios féretros de nuestros conciudadanos muertos por el virus que se encontraban arrumbados en el Palacio de Hielo de Madrid.

Ahora, el presidente del Gobierno ha ofrecido a las Comunidades Autónomas (incluidas las dos citadas más arriba) hasta 2.000 rastreadores de las Fuerzas Armadas. Se trata de personal militar que ha sido formado de manera intensiva durante cinco semanas en virología, técnicas de interrogatorio y empatía, comunicación y manejo de bases de datos. Habrá un oficial del Cuerpo Militar de Sanidad al frente de cada unidad de control.

Vayamos al fondo de la cuestión. ¿Cuál es la clave del éxito de este colectivo? Yo encuentro varias:

1. Su estructura jerárquica dota a las Fuerzas Armadas de esa efectividad en el despliegue y en las actuaciones. Las organizaciones así constituidas logran coordinar mejor sus efectivos, ofrecen una respuesta más rápida, ahorran recursos y simplifican los procesos. 

2. La alta preparación de los mandos. Como escuché decir el otro día, un capitán del Ejército está mucho más cualificado que cualquier político del parlamento español. En muchos casos es así. Pero además, los estudios que deben superar los militares de más alta graduación no tienen nada que envidiar a la preparación de cualquier consejero delegado o director general.

3. La conciencia de servicio. Ahondando en las capacidades de los militares españoles hay que tocar este punto. Soldados y oficiales tienen claramente asumido su papel de asistencia y ayuda. Suelen ser amantes del orden y están dispuestos al sacrificio personal cuando la ocasión lo requiere. Son personas francas y directas, honestas e íntegras.

4. La actitud de entrega. Esta es otra nota característica de la vida castrense que sale a la luz estos días. El militar da más de lo que recibe: lo que hacen pocas veces se puede pagar con dinero. Está entrenado para poner su vida en juego por los demás. Es una abnegación y una lealtad que choca de forma brutal con esta sociedad postmoderna que tanto fomenta el individualismo.

Por si todo esto fuera poco, los militares españoles son, desde hace unos años, una excelente tarjeta de visita fuera de nuestras fronteras. Son la mejor ‘marca España’. Tienen un prestigio mítico y una reputación excelente. Con fama de eficaces, creativos, solícitos y capaces de una integración magnífica con la población civil del país en el que desarrollan sus misiones. Como ningún otro cuerpo extranjero.

Por todo esto digo que, en una de estas, se van a terminar ganando el corazón de todos los españoles. Ya lo verán.

Más en twitter: @javierfumero

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