La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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Mis vecinos de enfrente

Se está generalizando la costumbre de aplaudir, a las 20:00 horas, desde los balcones a todo el personal sanitario de España
photo_camera Se está generalizando la costumbre de aplaudir, a las 20:00 horas, desde los balcones a todo el personal sanitario de España

Los acabo de descubrir, no me avergüenza decirlo. Aunque tampoco me enorgullece. Ha tenido que venir una pandemia de mil pares de narices, la proclamación de un estado de alerta nacional y un brutal confinamiento en casa durante días, para reparar en ellos.

Son mis vecinos de enfrente. Nos vemos puntualmente desde hace tres días, a las 20:00 horas. Gentes de distintas edades, cada uno de su padre y de su madre. Nos gusta aplaudir a los sanitarios que se están jugando la vida por nosotros en hospitales, residencias y centros médicos en general.

Los primeros días nos mirábamos con timidez, casi a hurtadillas. Pero van pasando las jornadas y vamos ganando en confianza. Ya somos casi colegas aunque no nos hemos dirigido la palabra.

Hoy no estaban los jóvenes que ayer jugaban a las damas, sentados en una mesa baja de la sala de estar. Estábamos aplaudiendo y ellos… como quien oye llover. Pero seguimos ahí, dale que te pego… hasta que no pudieron resistir. Se levantaron con curiosidad, se asomaron y terminaron entusiasmados juntándose a la plebe, como unos campeones.

Los niños son los más entusiastas. Yo creo que en algún caso son los que arrastran a sus padres hasta el balcón. Es como si se estuviera convirtiendo en una ceremonia intocable. Puedes estar de videoconferencia con la familia, teletrabajando, viendo una serie… pero cuando llegan las 20:00 horas (una menos en Canarias) se deja todo para salir a compartir.

Alguno se ha lanzado a poner el himno de España. Lástima que no tenga letra (como en Italia), piensa uno: eso sí que sería un subidón. Por Twitter veo otras iniciativas curiosas: como esos vecinos de unas viviendas con una gran zona central que, después del aplauso, se ponen a encender y apagar las luces de los balcones. El efecto, de noche, es precioso. Parece una discoteca gigante.

Me gusta este espíritu alegre y optimista con el que se afronta un momento tan complicado. Yo no recuerdo otra igual, esa es la verdad. Toca vivir el presente, sacar lo mejor de uno mismo y no adelantar mucho el futuro: no podemos hacer nada y ya veremos cómo se presenta. Con este talante, podremos con todo. Ya lo verán.

Más en twitter: @javierfumero

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