La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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No, Pablo Iglesias no es cabezón

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias.
photo_camera El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias.

Enternece contemplar la imagen que se ha publicado este jueves en varios medios informativos con la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, intentando convencer de alguna cuestión al vicepresidente Pablo Iglesias en una sala del Congreso de los Diputados. En esa conversación, la titular de Hacienda le soltó a su interlocutor aquello de “no seas cabezón”.

Los comentaristas han subrayado entonces el evidente pulso existente en el Gobierno, la fuerte discrepancia de los socios sobre las soluciones “sociales” a la crisis, la enemistad manifiesta de Iglesias con Calviño, el choque entre las dos almas económicas del Ejecutivo, etc., etc.

Pero no. No es eso. Pablo Iglesias no es cabezón. Ya lo he dicho: está intentando precisamente esto, ocupar minutos de telediario desmarcándose del líder. Necesita transmitir regularmente a la opinión pública esa imagen de socio díscolo y genuino, que no se pliega a lo que diga el presidente así como así.

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Es una pose y un medio de subsistencia. Fíjense: ¿Se dan cuenta de que todas las discrepancias transcienden? Nos enteramos de todos y cada uno de los encontronazos. Qué curioso. Sin embargo, no es casualidad: es una estrategia bien definida. Unidas Podemos debe desmarcarse del PSOE y que todos lo vean.

En caso contrario, Unidas Podemos confirmará los peores pronósticos de las encuestas que, en estos momentos, le dan una pérdida de 15 escaños del tirón (de 35 a 20). Es decir, la vuelta a la irrelevancia parlamentaria.

¿Cómo se evita ese hundimiento? Con gestos y mensajes a su electorado, insistiendo en que son consistentes y un contrapeso imprescindible para el PSOE. ¡Ay, si no existiera Podemos! ¡Ay, si no hubiera nadie para equilibrar a Pedro Sánchez! ¡Se perderían las esencias de la izquierda! ¡Los más indigentes quedarían desvalidos! ¡Menos mal que estamos nosotros: somos fundamentales!

La cabezonería de Pablo Iglesias retransmitida en directo es, por tanto, un trampantojo, un ardid bien calculado. No se lo crean. Cuando haya una discrepancia real, de fondo, no nos enteraremos y tendrá consecuencias. Mientras tanto, es cuestión de pillar el bol de palomitas y tumbarse a contemplar el espectáculo.

Más en twitter: @javierfumero

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