La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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El País: Ayuso todo mal

Isabel Díaz Ayuso el 3 de junio de 2020
photo_camera Isabel Díaz Ayuso el 3 de junio de 2020

Nadie puede tacharme de fanático seguidor de Isabel Díaz Ayuso. Más bien, lo contrario: soy bastante crítico con su ejecutoria y lo he dejado por escrito. No entiendo ese afán constante por distinguirse, por contraponerse a Moncloa, por demostrar más encantos que Pedro Sánchez, no entiendo ese pulso entre MAR e Iván Redondo cuando está en juego la salud de los ciudadanos.

Me gustan los políticos que miran al frente, construyen, son ambiciosos, de mirada larga, que concitan consensos más que enfrentamientos. Duros pero útiles. Propositivos.

Sin embargo, tampoco entiendo la actitud de algunos medios de comunicación con Madrid y me refiero concretamente al diario El País. Lo leo todos los días, veo cómo presenta los temas que conozco y otros que ellos adelantan. Y mi conclusión es clara tras estos meses: son extraordinariamente sectarios con Ayuso.

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Si algo hace bien la Comunidad de Madrid es un “milagro”, producto del acierto del gobierno central o, invariablemente, presenta alguna sombra, en algún caso ridícula, frente al resto del conjunto. Después, los errores son magnificados como no se hace con otras regiones y con sus dirigentes. Es clamoroso. Ayuso todo mal.

Resulta especialmente triste ver a periodistas entregados a una causa, vendidos al pancartismo, al periodismo de trincheras, sin mantener la debida distancia. Una pena y una pérdida para la profesión: no sobran los relatores honestos de la actualidad.

Una aclaración: no creo en el “periodismo objetivo” porque se me antoja un imposible. A mi modo de ver, el periodista debe buscar la información allá donde se encuentra, comprobar su veracidad y ofrecer una explicación sobre lo ocurrido que sea lo más veraz posible. Pero es evidente que las noticias que prepara cualquier profesional de la información están cargadas de la subjetividad que se deriva de… la propia biografía del redactor de la que éste no puede sustraerse.

¿O es que hay que pedirle al periodista que cuando se acerque a los sucesos diarios prescinda de aquella clase de Pretecnología de 2º de EGB que tanto le marcó, de aquellos veranos en la playa que forjaron su forma de ser o del impacto que le produjo en su visión del mundo la visita a aquella ciudad noruega? Yo creo que no. Porque además, insisto, es imposible, poco humano.

Lo que hay que exigirle al periodista es rigor. Que presente los hechos de forma cabal y tras haber intentado hablar con las partes (si las hubiera y ‘se dejan’, que esa es otra). Que sea honesto: que no escamotee datos clave sobre las cosas. Y que si se equivoca –es posible, porque sucede en todos los ámbitos de la vida y porque hay fuentes que engañan o mienten, (también las ‘oficiales’, por cierto)-, tenga la hombría de reconocer públicamente su error, que rectifique.

Pero esto es muy distinto a dejar que las propias convicciones te impidan relatar la realidad con la máxima ecuanimidad posible. Nadie hace todo mal. Nadie está equivocado del todo y en todo. Es un hecho. Y si uno transmite lo contrario, traiciona la verdad de las cosas. No es honesto y ha perdido esa pituitaria que capacita para ser un buen contador de historias. Una pena.

Más en twitter: @javierfumero

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