La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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La palabrota del año

Estamos en un momento crítico, donde expresarse con naturalidad en la vida pública no es tan sencillo
photo_camera A finales de diciembre se elige la palabra del año 2021

Imagino que ustedes también estarán dándole vueltas al magín desde hace unas semanas a cuál puede ser la palabra del año 2021. A finales del mes que viene, dos instituciones tan relevantes como la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE), promovida por la Agencia EFE, y la Real Academia Española (RAE) van a emitir un veredicto.

Por refrescarles la memoria, el año 2020 fue elegida la palabra “confinamiento”. Faltaría más. Ahí no hubo que romperse demasiado la cabeza. Pasarán muchos años antes de que olvidemos esos meses de encerramiento, miedo y angustia por culpa de una pandemia que nos ha cambiado la vida.

Pero si les cuento los términos que obtuvieron este galardón en años anteriores, seguro que les deja algo perplejos: “los emoji” (2019), “microplástico” (2018), “aporofobia” (2017), “populismo” (2016), “refugiado” (2015), “selfi” (2014) y “escrache” (2013).

Vale. ¿Y ahora? ¿Por dónde tiramos? Yo dejó aquí tres propuestas para 2021:

a) Vacuna. No me voy a extender de nuevo sobre la trascendencia de este producto en el año que ahora termina. Porque ya lo he hecho y porque algún malpensado va a pensar que este blog lo financia Pfizer en secreto o cualquier otra farmacéutica que haya hecho su agosto este año con los remedios anti-covid. Pero, a mi modo de ver, las vacunas han sido protagonistas destacadas de este año.

b) Fajana. El volcán de La Palma es un hecho más reciente, no ha estado en nuestro imaginario todo el año, pero se ha convertido en un asunto de interés mundial. Aunque la televisión americana CBS haya colocado mi querida isla en Murcia, la erupción de Cumbre Vieja en Canarias ha traspasado fronteras por lo insólito del caso, también desde el punto de vista científico, y va a marcar este año.

c) Factura de la luz. Yo planteo, por último, esta tercera opción que es un concepto (no una palabra) tan poco querido para el Gobierno, seguro. Pero es que no todos los años se bate el récord absoluto del precio de la energía, una circunstancia que esconde además varios debates de amplio respiro: el cambio climático, la eficacia real de las energías renovables, la muerte o no de la energía nuclear, la dependencia energética de terceros, la inflación galopante por el alza de los precios derivada del aumento de los costes energéticos…

Hagan sus apuestas. O presenten sus propias candidaturas.

Más en twitter: @javierfumero

 
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