La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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Pedro Sánchez se propone dar vida a la jerigonza española

Pablo Iglesias y Pedro Sánchez en  La Moncloa.
photo_camera Pablo Iglesias y Pedro Sánchez en La Moncloa.

El presidente de Portugal, Antonio Costa, puso en marcha hace cuatro años lo que parecía imposible: un gobierno de izquierdas presidido por el Partido Socialista, apoyado por el Bloco de Esquerda –una coalición de partidos de izquierda radical, aliados de Podemos en el Parlamento Europeo- y por la CDU, coalición formada por el Partido Comunista y los Verdes.

No fue un gobierno de coalición. Presidían los socialistas y contaba sólo con apoyos externos de la izquierda. A pesar de ese leve vínculo, alguien bautizó el pacto con el apelativo de la ‘geringonça’ (jerigonza, en español) y se tradujo como “chapuza”, “artefacto” o “cacharro que no funciona”.

Pues el invento funcionó y muy bien. Antonio Costa recibió una herencia difícil, con una deuda del 130% del PIB (400.000 millones) y la prima de riesgo en 250 puntos básicos. Portugal había sido rescatada por la Unión Europea y recibido un préstamo de 78.000 millones de euros a cambio de una durísima política de ajustes: recortes de salarios y pensiones, despidos de funcionarios, subida de impuestos…

El Ejecutivo del conservador Pedro Passos Coelho sufrió una moción de censura y se tuvo que marchar. Dicen que él puso las bases sobre las que construyó su rival socialista. La economía ya daba síntomas de reactivación. Sea de ello lo que fuere, Costa tuvo el mérito de no tocar mucho lo que iba bien y optar a la vez por un camino original: no hizo caso a las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo que insistían en las políticas de austeridad.

Así nació el llamado “milagro portugués” que no sólo ha dejado atrás la crisis y el exigente rescate europeo sino que ha embellecido de forma sorprendente el cuadro macroeconómico luso: reducción de déficit, bajada del paro, ajuste de la deuda… Hasta Alemania se ha prodigado en elogios que ha llegado a calificar al ministro de Finanzas Mário Centeno como “el Cristiano Ronaldo del Ecofin”.

Pedro Sánchez e Iván Redondo han puesto su mirada en esta “cuarta vía” abierta por el socialismo portugués, capaz de aglutinar a la izquierda moderada con la más populista y reivindicativa. Asumiendo algunas imperfecciones, este nuevo socialismo ha logrado demostrar que es posible lograr el desarrollo económico de un país, con recetas expansivas, políticas sociales y la renuncia a las férreas reglas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

El PSOE va a intentar replicar esta fórmula que permitió al país vecino bajar la tasa de paro hasta el 6,7%, devolver al FMI el año pasado el último pago pendiente de 4.700 millones de dólares y eliminar su déficit por primera vez en 40 años.

Los socialistas portugueses también elevaron el salario mínimo y las pensiones. Han hecho del cambio climático su bandera y hace dos años lograron certificar que el 100% de su electricidad procedía de energías renovables. Sólo Noruega y Costa Rica lo habían logrado.

Este es el espejo donde se miran Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Como logren lo que se proponen, la jerigonza española puede estar varias legislaturas en La Moncloa. Este es el desafío.

 

Más en twitter: @javierfumero

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