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Pero dejen hablar a Vox

Santiago Abascal durante el mitin de Vistalegre, el pasado mes de octubre en Madrid
photo_camera Santiago Abascal durante el mitin de Vistalegre, el pasado mes de octubre en Madrid

Me contaba hace unos días un veterano periodista su preocupación por la actitud de algunos colegas con Vox.  Es cierto. Parece como si una parte importante de la sociedad española considerara que no tienen derecho a expresarse. No me gusta esta deriva totalitaria. Dejemos hablar.

De un tiempo a esta parte se viene alertando sobre un peligro sutil pero real, que no se muestra de frente. Bajo la apariencia de una loable defensa del bien común se despliega una actitud que ataca directamente los pilares de la libertad de expresión.

Enarbolando la bandera de la lucha contra los delitos de odio se persigue al discrepante, se intenta restringir el discurso del oponente o se pone límites a la agenda de temas que se deben someter a debate. No todo está permitido, dicen.

Y la propuesta es envenenada. Porque es cierto: debe haber unos límites, eso nadie lo discute. Pero ¿qué límites? Yo lo tengo claro. El insulto no es tolerable. La denigración tampoco. Ni la difamación o las faltas de respeto. Pero si alguien lanza, de forma razonada y seria, una propuesta que a mi me parece insoportable no puedo actuar como si se tratara de un acto hostil hacia mi, hacia mis ideas o hacia la sociedad que intento proteger.

Y eso es justo lo que está pasando.

Vox acaba de anunciar que defiende la legalización de las armas en unas determinadas condiciones. A mi me parece una aberración cambiar en este punto la legislación española. Pues me expresaré con argumentos. Pero no pediré quemar en una hoguera a los militantes del partido verde. No me parece lo más razonable empezar a insinuar la conveniencia de taparles la boca.

Y lo mismo pienso de otras propuestas que el partido de Santiago Abascal está sacando al debate público, como eliminar el acceso gratuito a la sanidad para inmigrantes ilegales; la derogación de la ley de violencia de género; eliminar los beneficios penitenciarios para terroristas e inmigrantes ilegales; suprimir de la sanidad pública las operaciones para el cambio de género; suspender el espacio Schengen; deportar a los sin papeles a sus países de origen...

Insisto. Nos iría muy bien denunciando ese tic totalitario y anti democrático de aquel al que se le hincha la vena ante la propuesta de un partido rival y, en vez de replicar con todo el ingenio que le sea posible, pide públicamente una moderna y laica pena de ex comunión: eso es propio de otras épocas y otras sociedades afortunadamente superadas, ¿no?

Más en twitter: @javierfumero

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