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Me pido la embajada de Andorra

Josep Borrell, ministro de Exteriores, y Pedro Sánchez.
photo_camera Josep Borrell, ministro de Exteriores, y Pedro Sánchez.

Hace unas semanas leí un artículo publicado por Carlos Yarnoz en el diario El País, que llevaba este sugerente título: “Me pido Paradores”. Me encantó.

En la pieza, el periodista llamaba la atención sobre la oportunidad que acaba de perder Pedro Sánchez de liberar el nombramiento de cargos públicos de toda connotación política. El líder del PSOE llegó a La Moncloa con la bandera de la regeneración y en una de sus primeras decisiones dejaba escapar la ocasión de cambiar una dinámica perversa.

El presidente del Gobierno sorprendió con la presentación de un Ejecutivo equilibrado, que incluía a algún independiente y a profesionales cercanos a ámbitos del Partido Popular. Por eso gustó tanto. Demostraba equilibrio y moderación. Se apostaba por la transversalidad, se acabaron las consignas partidistas: era la hora de la valía personal al margen de etiquetas. No ha sido así.

Yarnoz alertaba sobre las designaciones que se acababan de producir para la presidencia de organismos públicos como Paradores, Adif, Renfe, Correos, la SEPI, Unosa, Tragsa, Red Eléctrica, Navantia… En la mayoría ha colocado Pedro Sánchez a personas afines, socialistas pata negra, gente de la ‘familia’.

Pero me voy a fijar ahora en lo sucedido en otro ámbito de gran relevancia: el cuerpo diplomático español. Acabo de dar con una nota, difundida por la Asociación de Diplomáticos Españoles (ADE), que denuncia ante el ministro Josep Borrell el nombramiento de “embajadores políticos” para destinos de cierta relevancia. Mencionan dos ejemplos, con nombres y apellidos:

-- El ex alcalde de Lérida, Ángel Ros, ha sido nombrado nuevo embajador en Andorra.

-- Andrés Perelló y Manuel Escudero, dos miembros de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE, acaban de ser designados nuevo embajador de España ante la UNESCO y para la OCDE, respectivamente.

No son diplomáticos. Es una “arbitrariedad partidista”, advierten desde la ADE, un agravio a todos los funcionarios del cuerpo diplomático que llevan años acumulando méritos para lograr puestos como los descritos.

Es cierto que esta praxis no es nueva. El Gobierno de Pedro Sánchez no ha inaugurado está política de colocación de amiguetes, de devolución de favores. Pero eso no quiere decir que esté bien. Todo lo contrario. El líder socialista ha perdido una gran oportunidad de lanzar un mensaje de regeneración.

Y no, no voy a meter en este saco el fichaje de Begoña Gómez, la mujer de Pedro Sánchez, por el Instituto de Empresa. Son hechos distintos. Se trata de una contratación anunciada por una empresa privada, por más que la fundación del IE reciba regularmente fondos públicos.

Eso sí. Entiendo que el PP intente sacar tajada del caso. A mi modo de ver, el affaire sobre el máster de Pablo Casado no va a tener recorrido judicial (lo del cohecho impropio me parece de chiste) aunque éticamente pueda ser extraño ese vertiginoso cambio en el currículum. Justamente lo que sucede con el fichaje de la mujer del presidente.

Más en twitter: @javierfumero

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