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Manifestación independentista en la Diada 2013.
photo_camera Manifestación independentista en la Diada 2013.

No soplan buenos vientos para el independentismo en Cataluña. Los datos facilitados este fin de semana por la Asamblea Nacional Catalana hablan de una importante desmovilización para la Diada del próximo 11 de septiembre: un 25% menos respecto al año pasado.

A día de hoy se han inscrito 37.500 personas, el dato más bajo de los últimos seis años. En 2013 los organizadores de esta concentración comenzaron a exigir una inscripción previa. En esa ocasión, a estas alturas, había apuntados 350.000 participantes.

¿Síntoma de hartazgo? Es difícil saberlo, aunque motivos para la falta de entusiasmo no faltan. Observar la espiral de cutrez y decadencia en la que ha entrado Barcelona debería ser motivo suficiente para alertar a los más sensatos de que la deriva soberanista está pasando factura grave.

Los políticos catalanes llevan demasiados años descuidando la gestión interna, el gobierno autonómico y local, centrando todos los recursos, materiales y humanos, en una paranoia imposible, inútil, insensata y dañina.

Los indicadores son tan evidentes, el deterioro es tan palpable, que hasta las dos fuerzas políticas más empeñadas hasta ahora en la deriva independentista están enfrentadas. Han roto. Discrepan sobre el mejor modo de afrontar el futuro político de la región. JxCat y ERC se disputan el liderazgo del movimiento separatista y no se ponen de acuerdo en la estrategia a seguir.

La confrontación es tan grande que ya es imposible de esconder. De hecho, dos ex dirigentes de ERC y un director general de la Generalitat de ese mismo partido han anunciado que no asistirán a la marcha del 11 de septiembre.

La Diada se va a celebrar. El lema volverá a ser guerrero: “Objetivo independencia”. Si antes de la cita se publica la sentencia del Supremo sobre el juicio del 1-O prenderá la mecha del victimismo y se logrará una masiva movilización de última hora.

Pero nadie honrado podrá esconder el pinchazo que está registrando la causa desde hace prácticamente un año. Y es que debajo de la alfombra del comedor ya no cabe una brizna de basura más. Ni mirando para otro lado se puede obviar ya lo evidente.

Más en twitter: @javierfumero

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