La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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Un presidente en alpargatas

photo_camera Pedro Sánchez ataviado con alpargatas durante una videoconferencia sobre Afganistán este miércoles, en una imagen difundida por Moncloa.

Pedro Sánchez no ha tenido mejor ocurrencia que, en plena polémica por su ‘mutis por el foro’ de tres días sin dar la cara en plena repatriación de españoles y traductores locales amenazados en Afganistán, distribuir una fotografía donde aparece en La Mareta frente a una pantalla de plasma, vestido de traje y unas alpargatas de color veige.

Todo es un despropósito. En primer lugar, el retraso en comparecer ante la opinión pública para dar cuenta de una crisis que movilizó hace días a sus homólogos europeos, tan leve no sería el problema. En segundo lugar, el anuncio de su regreso a la actividad este mismo viernes, que se ha vendido como una reacción ante el deber que llama. Es falso porque desde julio estaba previsto que sus vacaciones terminaran el día 20. Está publicado.

Y después está, como ya he dicho, el tema de las alpargatas. Algún compañero periodista y algún tertuliano se ha echado las manos a la cabeza por las críticas a Pedro Sánchez por esta imagen. Se ha definido como “frivolidad política” (por la mención que ha hecho al tema el Partido Popular) y “frivolidad periodística”. Y aseguran que todo es debido a “la imperiosa necesidad de ser chistosos, ocurrentes y salerosos en las redes sociales”. Aseguran que esta deriva –la crítica a la indumentaria- se está cargando la política, el periodismo, la cultura y la vida en general.

Discrepo por completo de estos comentaristas en el caso que nos ocupa. Criticar a un presidente en alpargatas me parece perfectamente legítimo y oportuno. Porque no tiene un pase. Se trata de una imagen oficial, ofrecida con el visto bueno de La Moncloa, en el contexto de una crisis internacional de ciertas proporciones. No es una fotografía informal, tomada durante su tiempo libre. Es una falta de respeto.

Las formas son muy importantes porque no son inocentes. Educación significa instrucción, cortesía, urbanidad, alejarse de lo salvaje. Que la razón (lo más elevado del ser humano) actúe como guía del comportamiento frente a la barbarie, lo instintivo, lo que simplemente me apetece o lo insensato. Se dice de un niño que es malcriado (que no ha sido bien educado) cuando es soez, insolente, descortés, grosero o simplemente tosco, poco pulido. Tiene una razón de ser.

Una sociedad es más excelente si sus ciudadanos son educados. De eso hay pocas dudas. Uno agradece un comportamiento cordial (también en cuanto a la vestimenta) en la ventanilla del Metro, en la consulta del médico, en la panadería o cuando el fontanero acude a nuestra casa. No da igual. De hecho, se califica a una persona de incivil cuando es irrespetuoso o desconsiderado en este terreno.

Por eso España no se merece un presidente que descuida su indumentaria porque esta crisis le ha pillado tomando el sol en Lanzarote. No es sacar las cosas de quicio: es resistirse al lánguido dejarse ir hacia la molicie que nos parece proponer el líder de este Gobierno. Fíjense si la cosa tiene recorrido que el diario El País ofreció este jueves en el periódico la imagen cortada, dejando fuera los pies del presidente. Entiendo que en un deseo de proteger al jefe del Ejecutivo.

Si llevamos el caso al ámbito empresarial, por ejemplo, la situación tampoco tendría un pase. ¿Alguien se imagina al presidente de Telefónica saliendo en una comparecencia de última hora para dar explicaciones sobre un ciberataque, por poner un caso, ataviado con unas chanclas de verano? Sería inadmisible por varios motivos: 1) Transmitiría inevitablemente una imagen de informalidad que chocaría con la gravedad del tema que se está tratando; 2) Parecería no tomarse muy en serio esa grave situación; 3) El gesto podría ser entendido como una falta de respeto a los asistentes; y 4) Lograría desviar la atención de lo verdaderamente relevante, un horror en plena gestión de una crisis.

Como todo esto es tan evidente, tan de primero de comunicación política, todavía me pregunto a qué persona del equipo del presidente se le ha colado esta garrafal error, perfectamente evitable.

 

Más en twitter: @javierfumero

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