La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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Qué frío hace en la oposición

Inés Arrimadas y Francisco Igea en Valladolid
photo_camera Inés Arrimadas y Francisco Igea en Valladolid

Se le atribuye a Giulio Andreotti una célebre frase que hoy viene muy al caso, como voy a intentar explicar. El senador italiano sentenció hace muchos años aquello de que “el poder desgasta… a quien no lo tiene”.

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Los PGE incluyen una inversión pública social histórica de 239.765 millones.

La sentencia es de una gran agudeza y permite explicar algunos sucesos recientes de la vida política española. Los partidos que gobiernan apenas padecen crisis internas, mientras que en la oposición hace muchísimo frío. Cuando hay poder que repartir, nadie protesta. Todo son parabienes, el buen rollo abunda y los discrepantes optan por hibernar.

El otro día recuperé unas notas tomadas en enero de 2017, hace sólo tres años. Acababa de publicarse un sondeo demoscópico confirmando un mayoritario respaldo de los españoles al PP de Mariano Rajoy que llevaba dos meses en el gobierno. Le habíamos llamado de todo: inmovilista, traidor, ausente, vago, soso, autista, prestidigitador… pero la opinión pública --¡y la oposición!- confirmaban entonces su buen estado de forma:

-- El PSOE estaba hecho unos zorros y en caída libre. El partido lo dirigía una gestora liderada por Javier Fernández, que intentaba minimizar los daños. Pero Susana Díaz y Pedro Sánchez se habían declarado la guerra y se tiraban los trastos a la cabeza en público.

-- Podemos vivía el más duro enfrentamiento interno del partido entre Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, que luchaban a cara de perro por imponer el futuro de la formación: más calle o más instituciones. Vistalegre 2 debía despejar las dudas pero ya se intuía entonces la escisión que vino después.

-- Ciudadanos atravesaba entonces su primera gran crisis de identidad. No lograba hacerse oír, no conseguía imponer la agenda y ya se le criticaba su indefinición. No era ni chicha ni limonada. Se encontraba en terreno de nadie.

Tres años después, fíjense en cómo están ahora los partidos. Desde que PSOE y Podemos han llegado a La Moncloa ha desaparecido el mal tiempo. Las dos formaciones navegan en una balsa de aceite. El poder actúa como un potente aglutinador. No se escucha una voz más alta que la otra.

Si Felipe González lanza algún dardo por la incongruencia que supone ver a Pablo Iglesias pisando la moqueta del CNI, la cosa pasa sin pena ni gloria. Si los anticapitalistas de Teresa Rodríguez anuncian una escisión, su marcha de Unidas Podemos para formar un partido propio, el tema se diluye como un azucarillo.

Sin embargo, en frente, en la gélida oposición, apenas hay paz para los perdedores. El PP afronta crisis tras crisis, ahora en el País Vasco, con contestación a su líder Pablo Casado y algún amago de rebelión. Ciudadanos está roto como nunca lo estuvo y se anuncia batalla cruenta entre Inés Arrimadas y Paco Igea.

Sólo bajan tranquilas las aguas en Vox, pero no hay que olvidar que acaba de conseguir los mejores resultados de su corta existencia.

Es lo que tiene la oposición.

Más en twitter: @javierfumero

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