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Javier Fumero Director ECD

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Por qué los trabajadores esenciales son los que menos cobran

Enfermeras atendiendo a un bebé al que se le va a aplicar un respirador
photo_camera Enfermeras atendiendo a un bebé al que se le va a aplicar un respirador

Un amigo me advirtió ayer de un artículo interesante publicado por el Washington Post, que alertaba sobre esta paradoja que cito en el titular: curiosamente los trabajadores que estos días pueden salir a la calle para desempeñar empleos denominados “esenciales” están entre los peor pagados de todas las profesiones.

Es extraño porque, efectivamente, la pandemia mundial del coronavirus ha dejado clara su importancia, la relevancia del trabajo que realizan. Todo puede detenerse, menos su actividad. Si hay que prescindir de algo, que sea de cualquier cosa menos de su concurso.

Esto en otros órdenes de la vida suele suponer lo contrario: un mayor valor. Estar en un estatus relacionado con algo básico, fundamental o imprescindible haría pensar en un reflejo cuantitativo en la propia nómina. Pues no.

Hablamos de cajeros y de reponedores de supermercado, de policías, militares y guardias civiles; de médicos y enfermeros; de agricultores y repartidores a domicilio; de conductores de camiones, autobuses y metro; de empleados de gasolineras; de profesionales de la limpieza y del personal de atención a mayores y niños.

El periodista norteamericano que firma la pieza, Christopher Ingraham, ha preguntado sobre la cuestión a profesores y expertos, que ofrecen dos explicaciones:

1. A excepción hecha de los médicos, se trata de trabajos poco cualificados y existe una gran lista de espera de candidatos al puesto. Son empleos esenciales pero no requieren especialización. Evidentemente, un cajero veterano será mas preciado que un novato (hará su trabajo en menos tiempo) pero son habilidades que se consiguen sin mucha complicación. Y hay más oferta de trabajadores que demanda laboral para este tipo de profesiones.

2. La escalabilidad: este tipo de empleados llega con su profesión a muchas menos personas que otras. En esto reside también su remuneración. Un artista puede proporcionar valor a millones de personas mientras que un conserje tiene un radio de acción mucho más pequeño. Por eso se paga menos a este tipo de profesionales.

Sin embargo, el artículo aborda algunas cuestiones interesantes que no se responden totalmente con las dos premisas anteriores. ¿Cómo es posible que un trabajo de ejecutivo financiero esté pagado con tantos millones de euros cuando su repercusión en la ‘vida real’ es tan difícil de medir? ¿Por qué hay un desfase tan grande entre utilidad social y remuneración?

El periodista cita la denominada “paradoja del agua y del diamante”. Es una vieja teoría que citaba el propio Adam Smith en ‘La riqueza de las naciones’ y que utilizan los economistas en estos casos.

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Recuerda algo evidente: el agua es esencial para la vida mientras que los diamantes no lo son, y sin embargo, los diamantes son mucho más valiosos que el agua. Igual que un futbolista del Real Madrid cobra mucho más que un médico de UCI en plena crisis del coronavirus. Lo que sucede está relacionado con lo que los economistas denominan el “valor marginal”.

El valor del agua depende en gran medida de cuánto tienes. El valor de un solo litro de agua no tiene precio, literalmente. Lo puedo necesitar para sobrevivir. Pero si almaceno 10 litros, ese último litro no vale tanto como el primero. Y si tengo un depósito de agua, la mayor parte tiene poco valor para mi: simplemente no puedo usarla toda. Más importante aún: es relativamente fácil adquirir todo ese agua, porque el agua es abundante en la mayoría de los lugares.

El valor de un objeto como un diamante, sin embargo, tiene menos relación con cuantos diamantes tengo. Los diamantes son escasos. Si tengo un diamante, lo puedo vender por 1.000 euros. Si tengo 100 diamantes, puedo vender cada uno de ellos por 1.000 euros. Porque escasean. El valor de cualquier diamante, entonces, no depende de cuántos tenga.

Los economistas explican que algo parecido sucede en el mercado laboral. Los trabajadores esenciales abundan y no están muy cualificados. Tienen más valor para la vida de las personas (como el agua para la subsistencia humana) pero como hay muchos, su hora de trabajo vale menos que la de esos otros trabajadores menos esenciales para el día a día pero más preparados y, por lo tanto, más difíciles de encontrar.

Más en twitter: @javierfumero

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