La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

Blog

Tragedia compartida en La Palma

Erupción volcánica en La Palma.
photo_camera Erupción volcánica en La Palma.

La isla donde nací es una isla joven, según dicen los expertos. Lo que está sucediendo allí con ese fenómeno volcánico tan espectacular es algo natural, propio de un territorio surgido sobre una placa con magma que se ha formado a base de erupciones acontecidas a lo largo de los años. Pero hablamos de miles de años.

Mis padres siguieron de cerca la erupción del Teneguía, en 1971, aunque ya vivíamos en Tenerife. Yo no me acuerdo de nada porque era demasiado pequeño. Pero sí les puedo asegurar que desde entonces hemos vivido tranquilos en el Archipiélago. La posibilidad de asistir a un fenómeno como este no estaba en la mente de los palmeros. Ni de lejos. Esa es mi percepción cuando acudía allí los veranos.

Las erupciones tienen lugar cada muchísimo tiempo. No se producen seguidas. Por otro lado, un cráter raramente vuelve a explotar. El magma suele buscar otra salida por la que emerger, otro cono que se fabrica en el terreno.

Alguna vez se advirtió desde Estados Unidos del riesgo de una erupción del Teide, en Tenerife. Porque en este caso se trata, aseguran los expertos, de un “estratovolcán”, es decir, de un cono formado por varias erupciones sucesivas. Así sucede en el conjunto Teide-Pico Viejo. Pero la alerta se lanzó hace bastantes años y sonaba a modelo de laboratorio con poca base real. Al menos, así nos lo tomamos por allí. Se vivía plácidamente.

Los lugareños que construyeron en el lugar por donde ha pasado toda esta lengua de lava tan brutal no han sido irresponsables, ni imprudentes, ni demasiado intrépidos. Nada hacía sospechar que la erupción se fuera a producir allí. Decir lo contrario es de majaderos.

Lo de La Palma ha sido, por tanto, un shock. Mis familiares están asentados fundamentalmente en la Villa de Mazo, en Breña Alta y en Santa Cruz de la Palma. Están, por tanto, en la vertiente contraria de la isla donde se encuentra el foco de Cumbre Vieja. No han sido afectados de modo directo pero, con el paso de los días, he ido percibiendo la conmoción, el impacto que todo esto ha provocado.

La sensación que he tenido cuando volvía regularmente a La Palma es que allí se conoce todo el mundo. Es una exageración, sin duda. Pero hay una cierta base real. La población se mueve, se cruza y, con el paso de los años, se van estableciendo lazos con familias y grupos de conocidos. Además, el trabajo con los plátanos, por ejemplo, une a propietarios con distribuidores, a mano de obra con miembros de cooperativas… El paso del tiempo y el roce estrecha las distancias.

De ahí que estos días los palmeros estén viviendo en silencio una tragedia compartida que, además, no ha terminado. No ha habido que lamentar ninguna muerte. Pero seiscientas casas arrasadas es una barbaridad. Y lo que queda. Algunas biografías han quedado marcadas para siempre y veo en las personas de cierta edad ese sufrimiento propio del que ya no tiene fuerzas para volver a empezar.

Más en twitter: @javierfumero

 
Comentarios
Somos ECD
¿Quieres ser protagonista del Confidencial Digital?