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Javier Fumero Director ECD

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Me vacuno con AstraZeneca en cuanto me digan

Una profesional sanitaria sostiene una dosis de la vacuna contra la COVID-19 de AstraZeneca en un Centro de Vacunación de la Comunidad de Madrid, en Madrid (España), a 19 de febrero de 2021.
photo_camera Una profesional sanitaria sostiene una dosis de la vacuna contra la COVID-19 de AstraZeneca en un Centro de Vacunación de la Comunidad de Madrid.

Es paradójico lo que está sucediendo. Durante esta insólita crisis sanitaria mundial, en aras de la transparencia, todo trasciende, todo sale a la luz pública, se radia en directo cualquier examen farmacológico… y eso está muy bien. Cualquier objeción de un investigador sobre una vacuna, por ejemplo, se conoce porque se difunde. Cualquier problema de un enfermo en Sebastopol se retransmite al detalle. Cualquier simple mareo tras una inyección aparece en primera página.

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Insisto, todo eso está muy bien. Sin embargo, quizás nos esté faltando pedagogía para evitar alarmismos. Porque aquí sucede como con la economía: el miedo, la falta de confianza, tiene consecuencias muy graves. En la bolsa, por ejemplo, el recelo espanta al dinero de los inversores. En la sociedad, la sospecha provoca que se tomen decisiones irracionales.

Me refiero, como alguno ya habrá deducido, a lo que está sucediendo con la vacuna de AstraZeneca y los trombos. La Agencia Europea del Medicamento es un organismo serio. Sabe que juega con la vida de las personas y por eso lleva años aplicando unos protocolos durísimos: si no funcionaran (medicamentos mortales, intoxicaciones negligentes, etc.), nos habríamos enterado. Faltaría más.

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Pues bien. Los datos que ha recibido esta organización sobre la vacuna de AstraZeneca es que existe un posible efecto secundario de este fármaco: puede generar un trombo por cada 100.000 vacunados. Es decir, un hecho que afecta a un 0,001% de quienes se pongan esta dosis.

La letalidad del virus, es decir, su capacidad de matar es de un 1%. O sea, que hay mil veces más probabilidades de morir si uno se contagia por Covid-19 que de sufrir un trombo si alguien se vacuna con AstraZeneca. Por lo tanto, ¿qué es lo mejor? Lo mejor sería no vacunarse… si no hubiera una amenaza real a la vuelta de la esquina. Si no hubiera Covid uno no correría el riesgo de vacunarse.

Es cierto que hay otras vacunas en el mercado pero todavía no están disponibles. Yo quiero vacunarme cuanto antes porque me puedo morir de coronavirus. También para poder retomar aspectos de la vida que tengo ahora prohibidos, una circunstancia que, en cierto sentido, me está haciendo daño.

Y esta es la misma lógica que cualquiera de nosotros emplea cuando se toma por ejemplo un Ibuprofeno. Lo mejor es no tomárselo y evitar riesgos: uno sólo lo ingiere si es necesario. Pues recomiendo releer aquí el prospecto de este producto aprobado por la Agencia Española del Medicamento, y su apartado “Posibles efectos adversos”. Entre otras lindezas dice: “Medicamentos como el ibuprofeno pueden asociarse con un moderado aumento de riesgo de sufrir un ataque cardiaco (“infarto de miocardio”) o cerebral. También se han observado edemas (retención de líquidos), hipertensión arterial, e insuficiencia cardiaca en asociación con tratamientos con medicamentos del tipo ibuprofeno”. Moderado significa que esto puede afectar a 1 o 10 personas de cada 1.000 pacientes.

Más casos: uno de cada 10.000 pacientes que consume Aspirina corre el riesgo de sufrir hemorragias cerebrales, choques anafilácticos, úlceras gastrointestinales con hemorragia y perforación e insuficiencia hepática. De hecho, la Aspirina está prohibida en menores de 16 años porque causaba daño cerebral en 1 de cada 1.000 menores que la tomaban.

El Nolotil, según su propio prospecto, puede provocar a 1 de cada 10.000 personas agranulocitosis: una disminución severa de los glóbulos blancos que puede producir la muerte debida a infecciones graves. El Omeprazol puede provocar problemas graves de riñón en uno de cada 1.000 pacientes. El Primperán, que ayuda a combatir las náuseas, en 1 de cada 10 personas puede causar síntomas similares a la enfermedad de Parkinson (rigidez, temblor), y en 1 de cada 100, alucinaciones.

Los científicos son muy claros: en estos momentos, o uno se pone una vacuna o terminará pasando el Covid-19. Antes o después. Por lo tanto, los datos que se deben considerar son estos: un 0,001% de los vacunados con AstraZeneca corren el riesgo de sufrir un trombo, pero si continúo sin vacuna y me infecto tengo un 1% de posibilidad de morir. Los números no engañan. Las percepciones puede que sí.

Más en twitter: @javierfumero

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