La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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Vándalos porque pueden

Una escultura de la catedral de Santiago de Compostela amaneció el lunes con esta pintada
photo_camera Una escultura de la catedral de Santiago de Compostela amaneció el lunes con esta pintada

Estoy muy interesado en conocer el perfil del autor o autores de las aberrantes pintadas que acaban de aparecer en una escultura de mármol de la catedral de Santiago de Compostela. La estatua, ubicada en la fachada de Praterías, amaneció el lunes con trazos en azul simulando unos bigotes, ojos de gatos y la palabra ‘Kiss’.

¿Han sido jóvenes anarquistas o niños pijos que se aburren? ¿Gamberros de barrios marginales o universitarios bajos los efectos de opiáceos? ¿Gallegos o inmigrantes? ¿Chicos o chicas?

El vandalismo no es nuevo. Es más viejo que la tos. Casi tanto como el intento de dar con la clave de comportamientos de este estilo. Algunos aluden a la marginación laboral y social de muchachos criados en barrios deprimidos. Otros insisten en la crisis de la familia y de la escuela, que no logran inculcar valores indispensables para la convivencia.

En cualquier caso, hay algunas notas relevantes de estas salvajadas modernas, un perfil novedoso que caracteriza los excesos a los que asistimos últimamente.

A diferencia de lo ocurrido años atrás, la violencia callejera de estos tiempos no tiene reivindicaciones sociales ni políticas. La patada al escaparate, el incendio provocado, la ruptura del espejo retrovisor o el acoso a un inocente mendigo son acciones gratuitas, que buscan únicamente emociones fuertes y sensaciones extremas.

Además, con extraña frecuencia, los agentes del orden concluyen sus investigaciones con la detención de personas con un perfil similar: joven gamberro surgido de sociedades desarrolladas, sin valores y sin más aspiraciones que acceder a la ropa de moda, al último móvil  y a las zapatillas deportivas de marca.

Son maleducados en la conducta de la gratificación inmediata y carentes de perspectivas de un futuro mejor que, de vez en cuando, vierten su frustración en desórdenes, saqueos y violencia.

A diferencia de los pobres de antaño, estos rebeldes de hoy tienen cubiertas sus necesidades básicas por el Estado del Bienestar. No asaltan para comer, sino para lograr más seguidores en Instagram. La mayoría no roba por necesidad, sino simplemente porque puede.

Es para hacérnoslo mirar.

Más en twitter: @javierfumero

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