La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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Quién vigila al vigilante de los culillos de las vacunas

Cajas de vacunas de Moderna.
photo_camera Cajas de vacunas de Moderna.

Alguna vez he contado, porque me llamó la atención, lo que sucede en la cervecería más famosa de Múnich. Se llama la Hofbäuhaus, tiene tres plantas, presenta una decoración del siglo XVI, incorpora un restaurante bávaro y ofrece diversos espectáculos. Este establecimiento tiene contratado desde hace muchos años a un cuerpo de vigilantes. Su misión es controlar el grado de ebriedad de los clientes.

Y allí se plantan, como unos pasmarotes, cada jornada, ojo avizor. Si a un cliente le da por empinar el codo más allá de lo razonable, se acabó. En un abrir y cerrar de ojos tienes encima al maromo que te “invita” a desalojar el local. Has superado el límite, fuera.

La pregunta que yo me hago en estos casos, cuando se habla de estos vigilantes, es siempre la misma: ¿Y quién vigila a los vigilantes? ¿Quién controla al controlador?

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Es un delicado dilema. Por eso se suele decir que la corrupción más dañina para una sociedad es la de aquellos servidores públicos que tienen la responsabilidad de gobernar, juzgar o vigilar: políticos, jueces, policías, militares. Todos ellos ocupan una privilegiada situación. Sobre cada uno de ellos los ciudadanos han depositado su confianza (se les ha otorgado poderes fuera de lo común, extraordinarios) y ésta no debe ser quebrada nunca.

Por eso en latín se dice “corruptio optimi pessima”, que se puede traducir como “la corrupción de los mejores es la peor de todas”. Así es.

Me viene esta historia a la cabeza pensando en quienes deben velar estas semanas por las anheladas vacunas salvadoras. Se trata de un producto muy valioso, un bien preciadísimo, como se ha visto. Todos quieren el remedio porque, efectivamente, hay mucho en juego: la propia vida, la economía, la salud mental, las relaciones personales, los viajes…

Por eso, digo yo, habría que esmerarse en esto, en el cuidado de ese bien tan preciado. Visto lo visto, observando lo que ha pasado en algunas comunidades autónomas y en algunos organismos, parece que no estamos a la altura, que este aspecto no se ha cuidado del todo.

En Andalucía hablan del “culillo” sobrante en los viales: ni eso se debe desperdiciar. Pero no hay jeringuillas que lo permitan. Qué desastre. En Valencia aseguran que aquellos que recibieron la primera dosis de manera injusta no serán vacunados de la segunda… Eso es una majadería: supone sumar a un atropello (haberse colado) otra torpeza (perder esa primera dosis ya inyectada, que resultará inútil sin la segunda). ¿Ven lo que les digo?

Necesitamos vigilantes para controlar a los guardianes de las vacunas.

Más en twitter: @javierfumero

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