La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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Votaré al más viejo

Debate electoral en TVE.
photo_camera Debate electoral en TVE, en abril de 2019

Es la frase que escuché el otro día pronunciada, medio en broma, medio en serio, por un alto responsable de un periódico de tirada nacional. Una de sus conclusiones ante la grave crisis que atraviesa el Partido Popular es esta: “en las próximas elecciones, votaré al candidato más viejo, al de más edad. Y punto”.

Circula por las redes sociales la fotografía del debate electoral televisado de abril de 2019 en el que participaron los cuatro aspirantes a la presidencia del Gobierno. Junto al periodista Xavier Fortes, aparecían Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera y Pablo Casado. No han pasado ni tres años y sólo queda el presidente del Gobierno. Los tres últimos figuran en la imagen viral tachados con unas grandes aspas rojas en cruz. Game over. Fin de la partida.

Llegaron como los líderes de una generación de “jóvenes, aunque sobradamente preparados”, como los JASP de aquel anuncio. Se iban a comer el mundo tomando el testigo de la vieja guardia, con un discurso moderno, pujante, renovado, y anunciando una nueva política, regeneradora, capaz de sintonizar con las generaciones venideras.

Sin embargo, la propuesta no les ha durado ni un telediario. Una combinación de errores políticos, mala gestión interna de sus formaciones políticas y unos decepcionantes resultados electorales han terminado por llevarse por delante a los tres aspirantes. Albert Rivera aterrizó en un despacho de abogados con el que ha acabado como el rosario de la aurora, Pablo Iglesias ha vuelto a la radio (Cadena SER) y la televisión (Público TV) y Pablo Casado va a empezar a enviar currículums.

El tema permite una reflexión sobre la sublimación de la juventud como valor en sí mismo. Claro que el hecho de ser joven suele incluir virtudes valiosas y muy aprovechables: ilusión, empuje, ambición, sueños, idealismo, generosidad… Pero presenta también, como se ha demostrado, importantes carencias: bisoñez, impaciencia, rigidez, inexperiencia, excesiva fogosidad, imprudencia o insensibilidad.

La edad, el paso de los años, aporta otras muchas cosas que no se pueden improvisar cuando uno es joven. Sólo el tiempo aporta esa distancia sobre los sucesos, por ejemplo, que permite no afrontar las cuestiones como si no hubiera un mañana (porque lo hay). La madurez que dan los trienios ayuda a no tomarse todo a la tremenda, a ceder en algunas cuestiones, a no afrontar cada batalla como si fuera la última.

Y ojo porque la vida política española se ha caracterizado en los últimos años por lo contrario: por devorar generaciones con entusiasmo. El primero que ensayó este plan fue José Luis Rodríguez Zapatero que levantó en el PSOE muchas ampollas a nivel interno cuando relevantes figuras del partido se sintieron menospreciadas por treintañeros/as sin más currículum que su entusiasta voluntad de seguir hasta el fin del mundo al presidente y esa espuma de la juventud.

Personalidades como Jordi Sevilla, Jesús Caldera, Javier Solana o Manuel Marín no escondieron públicamente su malestar, al considerar que se había desdeñado la “capacidad” y el “mérito” de muchos baluartes del partido integrados en su generación tras haber dado sus mejores años y esfuerzos por la causa.

Pero Zapatero hizo oídos sordos a los quejosos porque tenía un plan. Su intención –explicaban desde su entorno más cercano- era evitar precisamente que una generación impidiera el paso a la siguiente. Por eso el líder socialista decidió que los futuros líderes del partido se formaran en el ejercicio de altas responsabilidades y, al menos en algunos casos, amparados incluso por los más veteranos del consejo de ministros.

 

Eso fue lo que provocó la designación de cuatro mujeres para pilotar este relevo de futuro. Se trató de la ministra de Defensa, Carme Chacón (qepd); la de Igualdad, Bibiana Aído; y la de Vivienda, Beatriz Corredor. A estas tres se sumó Leire Pajín, que fue ministra de Sanidad y actuó también como secretaria de Organización del PSOE.

Relean los nombres. No hay más preguntas señoría.

Más en twitter: @javierfumero

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