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Sánchez juega con varias barajas, están trucadas y hace trampas

Sánchez y Merkel
photo_camera Sánchez y Merkel

Que la palabra de Pedro Sánchez tiene menos valor que un dólar de madera, es algo que ya casi nadie se atreve a negar.

No hace falta repasar todas las promesas incumplidas, aunque sí cabe citar algunas de ellas. Aseguró que asumía la presidencia del Gobierno para celebrar elecciones cuanto antes y así "normalizar" el país, y sin embargo sus planes son eternizarse en La Moncloa, agotando para ello la legislatura, a pesar de que sus apoyos se basan en solamente 84 diputados.

Prometió derogar la reforma laboral del PP, y ya ha dejado claro que no lo hará, ni lo intentará, con el argumento de que no tiene mayoría suficiente.

Dijo que no toleraría el menor desliz en cuanto a ejemplaridad económica, y que cualquiera que montara una sociedad instrumental para pagar menos sería expulsado de su lado, pero no lo ha puesto en práctica con el ministro Pedro Duque.

Por no hablar de cambiar la ley electoral o de la reforma constitucional. No hay tiempo, no tengo votos, no es el momento, son algunas de las excusas.

Al mismo tiempo, Sánchez mantiene varias apuestas a la vez, en marcha todas ellas, al estilo del titiritero que sostiene una multitud de platillos girando sobre el palo. Alguna le saldrá bien, sin duda.

Parece que está dispuesto, tal como prometió, a aprobar unos nuevos presupuestos que sustituyan a los de Mariano Rajoy, que teóricamente ha tenido que tragar. Pero, tal como se cuenta hoy en ECD, en realidad desea que se prorroguen el año que viene. Algo que le vendría muy bien para frenar a los socios de Podemos y su desaforado apetito de gasto, tan contrario a lo que nos exige Bruselas, a la que también hay que contentar.

No es claro. Juega la baza del feminismo, pero al mismo tiempo tolera que Hacienda se ponga a la contra a la hora de devolver lo cotizado en el IRPF por las ayudas de maternidad, a pesar de la sentencia de los tribunales, y permitirá que, con trucos administrativos, se tarden dos años en pagar.

Teórico antimilitarista, en la oposición habló de suprimir el ministerio de Defensa, que sin embargo ahora considera un "ministerio de Estado", en el que ha colocado un peso pesado político, Margarita Robles. Contrario en su día a la venta de armamentos, ahora ha tragado vendérselos a Arabia Saudí.

Dio sensación de claridad y fortaleza a la hora de afrontar el desafío tremendo de Cataluña, pero la realidad es que se dedica a contemporizar, a poner paños calientes, a lanzar proclamas supuestamente pacificadoras, mientras la situación empeora de día en día. Es que no puede incomodar a quienes siguen siendo su apoyo parlamentario.

Quim Torra le lanzó un órdago, diciendo que tiene un mes para comprometerse a celebrar un referéndum de independencia, y Sánchez sigue sin darse por enterado, optando por la callada como respuesta.

Está centrado en jugar a tope la baza internacional, multiplicando las viajes, las visitas, la presencia en todo tipo de foros. Así, lleva contabilizados una quincena de viajes, frente a los tres realizados por el rey. Y, al mismo tiempo, administra con cuentagotas dentro de España sus comparecencias informativas.

Una de sus batallas ocultas es aguantar hasta las europeas de mayo, porque cree que va a ser prácticamente el único partido socialista que consiga resultados medianamente presentables. Lo cual le llevará a intentar convertirse en el líder socialista europeo, al igual que Merkel lo es de los populares. Y hasta lo puede conseguir.

Así que, prácticamente desaparecido como presidente del Gobierno, porque no tiene forma de aprobar nada debido a su debilidad parlamentaria, Pedro Sánchez se dedica a jugar otras partidas, pero con barajas trucadas y haciendo trampas. Como cuando, con una argucia parlamentaria, intentó dejar fuera al Senado, para que no votara el techo de gasto.

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En Twitter @JoseApezarena

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