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Cataluña ha votado con las vísceras

La estupefacción provocada por los imprevistos resultados de las elecciones en Cataluña ha dado pie a muchos análisis posibles. Que además continuarán, sin ninguna duda, habida cuenta de que la sorpresa no ha desaparecido.

En esta columna hemos intentado algunas de esas reflexiones. Como por ejemplo la conclusión de que uno de los personajes perjudicados, y en alto grado, es Soraya Sáenz de Santamaría, "presidenta" de Cataluña en funciones, y a quien se había encomendado que resolviera el problema.

Una segunda conclusión, igualmente válida, es que otro de los perdedores ha sido Mariano Rajoy, que ha protagonizado en primera persona la campaña, y por tanto carga en gran medida con la responsabilidad del estropicio.

Un enfoque más se centra en valorar cuáles han sido los principales factores causantes del veredicto final dictado por las urnas, categoría en la que sitúa en lugar destacado la labor realizada por la televisión autonómica, TV3.

Ahora, teniendo de nuevo en cuenta las sorprendentes cifras que ofreció el recuento oficial, a la vista de la repetición de esa mayoría independentista a pesar de los tremendos acontecimientos vividos, surge otra pregunta más: ¿Dónde están los catalanes sensatos, tranquilos, moderados, de los que siempre se había hablado? ¿Dónde esas personas llenas de sentido común y racionalidad que se decía integraban Cataluña?

Mi conclusión es que el 21 de diciembre hubo casi de todo menos moderación, sentido común y racionalidad. Y que lo que en realidad se manifestó fue un voto masivamente cabreado.

No creo que, quienes han dado mayoría a las tres fuerzas catalanistas, estuvieran en realidad apostando por la independencia como tal. Aunque hayan votado a partidos y candidatos independentistas.

Desde mi punto de vista, esos millones de votantes se han movilizado para repudiar lo que han visto en su tierra. Tras la puesta en marcha del artículo 155, sus consecuencias las han vivido como una agresión, una auténtica invasión, una ocupación. Un ataque, en fin, a todos los catalanes.

Se han sentido y se sienten humillados, sojuzgados y pisoteados. Y contra eso se han pronunciado. Sencillamente.

Por ello, de nada ha servido la evidencia de que el camino a la separación los deja fuera de Europa, ajenos al conjunto de países avanzados, y que les lleva a la ruina, como se ha demostrado con las salidas de empresas ubicadas en Cataluña. Nada de eso han tenido en cuenta.

Una fuga de empresas, por cierto, que no solamente no se frenará, sino que ahora irá a más, porque directivos y propietarios estaban esperando a ver en qué paraba el proceso. La comprobación de que van a poder gobernar los mismos que desataron el terremoto del procés les conducirá a escapar de allí. Y, si alguna firma se había planteado regresar, ya habrá renunciado de forma absoluta, al atisbar el porvenir que le aguarda, en esa Cataluña gobernada otra vez por independentistas.

En las elecciones catalanas no ha habido inteligencia, ha habido vísceras. No razonamientos, sino sentimientos. No se ha pensado, se ha reaccionado.

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En Twitter @JoseApezarena


 
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