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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Rajoy, Kagemusha y la montaña

En 1980, Akira Kurosawa dirigió un espléndida película titulada “Kagemusha: la sombra del guerrero”. Ambientada en el Japón medieval del siglo XV y producida por George Lucas y Francis Ford Coppola, recibió buen número de premios.

Reflejaba a un poderoso caudillo que había convertido en regla básica de su estrategia bélica este principio: “Inmóvil como la montaña”. Consistía en que, durante los ataques, se mantenía impertérrito, sin dar un paso atrás por grande que fuera el riesgo, mientras alrededor iban muriendo sus defensores, dando la vida por el señor. Tan tremenda impasibilidad asustaba a sus enemigos, que acababan retirándose. Las escenas de batalla rodadas por Kurosawa resultan impresionantes.

Más de una vez me ha venido a la cabeza la parábola de la montaña inmóvil pensando en el comportamiento y actuación de Mariano Rajoy, ya de tiempo atrás, pero sobre todo estos últimos meses.

El presidente del Partido Popular, y del Gobierno en funciones, parece obstinado en mantenerse donde está, quieto, impávido, mientras a su alrededor va destrozándose el partido que encabeza, como si no fuera consciente de la ruina que amenaza a toda la organización.

No aceptó someterse a la investidura, y ahora se ha quedado sin bazas, sin nada que intentar, en una desesperante pasividad, esperando únicamente que los intentos de Pedro Sánchez fracasen, que no logre apoyos suficientes y, como consecuencia, haya que convocar elecciones anticipadas para junio.

Sin embargo, a estas alturas todo indica que tal expectativa no se cumplirá, y que finalmente el candidato socialista logrará el apoyo de Podemos, mediante la firma de una alianza de Gobierno que, en caso de negativa de Ciudadanos, contará con la complicidad (abstención) de los nacionalistas para que la suma de votos a favor sea mayor que los votos en contra.

Pero es que, aunque hubiera elecciones generales, hoy Mariano Rajoy se ha convertido para su partido, no en la solución, como tal vez podría pensar él, sino en el problema, el obstáculo, la rémora.

Si persiste en ser “la montaña”, si no se mueve, más en concreto si no se echa a un lado, la imprescindible y urgente refundación del PP no se producirá. Y con ello, a corto plazo conducirá al partido a la derrota más dolorosa que nunca pudo sufrir, y a medio y largo lo condenará a la esterilidad y el fracaso, cuando no a la escisión, e incluso, en el peor de los casos, a la desaparición. El partido necesita una regeneración a fondo, y ese movimiento no puede protagonizarlo ni conducirlo Mariano Rajoy.

Se puede entender que no desee pasar a la historia como el primer presidente del Gobierno que no revalidó mandato. Es comprensible que considere que el trabajo que ha hecho, conduciendo este país desde el riesgo de intervención a la senda de la recuperación económica, merecería algún reconocimiento. Pero las cosas hoy están de tal manera que debería olvidar esos dos sueños, aunque pueda resultar injusto, doloroso y hasta cruel, y aceptar la amarga realidad de que se ha convertido en el problema, en el dique que impide cualquier solución.

El vídeo del día

Ayuso cree que el nacionalismo catalán “se está hundiendo”.

Una elemental generosidad, junto con el amor a su partido, y hasta un cierto sentido del patriotismo, deberían llevarle a deshacer la montaña, a desaparecer, dejando paso a una nueva generación. Lo contrario, además de un suicidio personal, puede acabar en un genocidio político de su propio partido.

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En Twitter @JoseApezarena

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