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A dónde va Vox

Santiago Abascal, presidente de Vox.
photo_camera Santiago Abascal, presidente de Vox.

Hace ya más de cuatro años, en enero de 2014 se presentaba públicamente Vox, un partido promovido sobre todo por ex militantes del PP desencantados, con figuras como Ortega Lara, y con Alejo Vidal Quadras en la presidencia.

Vidal Quadras fue cabeza de lista en las europeas de ese año, quedó a solo 1.500 votos de conseguir escaño, y ante el fracaso abandonó el partido.

De igual modo, los principales promotores fueron marchándose, y en septiembre resultó elegido presidente otro ex del PP, Santiago Abascal.

En 2015, Vox concurrió a las municipales y autonómicas en todas las capitales, con un resultado muy escaso. En las andaluzas del 22 de marzo tampoco logró representación.

​Para las autonómicas de mayo de 2015, presentó listas en nueve de las trece comunidades, sin conseguir ningún escaño, aunque sí obtuvo 22 concejales y dos alcaldías, en trece de los ocho mil municipios existentes en España.

A las generales de diciembre de 2015, presentó candidatura en 31 circunscripciones, recibiendo 57.753 votos (el 0,23%), y por tanto sin lograr escaño ni en el Congreso ni en el Senado.

En las generales de 2016, formaciones como Alternativa Española (AES), Partido Familia y Vida, y Comunión Tradicionalista Carlista, que no se presentaban, pidieron el voto para Vox, mientras algunos de sus miembros se integraban en las listas como independientes.

En noviembre de 2017, la encuesta electoral del CIS dio por vez primera la posibilidad de que Vox consiguiera un escaño en el Congreso.

A pesar de haber cosechado un notable currículo de derrotas en estos más de cuatro años, Vox ha demostrado una notable capacidad de supervivencia. Tanto más sorprendente cuanto el mantenimiento de una estructura y una organización, incluyendo sede y equipos de apoyo, supone un coste relevante, posiblemente por encima de la capacidad de aportación de los aproximadamente diez mil afiliados que dice tener.

Ciertamente, estos últimos meses, Vox ha ganado notoriedad y protagonismo, al ser el partido que ha sostenido la acusación contra los políticos independentistas catalanes, ahora procesados y algunos de ellos en la cárcel.

Pero, en principio, los tiempos mejores para el partido de Santiago Abascal acaban de terminar. Ha sido la etapa de Mariano Rajoy al frente del PP y como presidente del Gobierno, cuando, desde los ámbitos más a la derecha, se acusaba al Partido Popular de abandonar sus principios, de olvidar a sus bases, y de practicar políticas ajenas a gran parte de su electorado. De esos desencantados se iba nutriendo Vox.

Como digo, dicha etapa acaba de finalizar. Al frente del PP hay ahora un nuevo presidente, que parece tener algo más claras las líneas ideológicas de su partido, atendiendo a su electorado, y así lo viene manifestando públicamente. Y se está percibiendo.

Para ilustrar en lo posible la actual y novedosa coyuntura, baste escuchar este comentario de un ciudadano: "Me marché del PP para entrar en Vox, pero ahora no sé qué hacer".

Tal es la situación, reflejo de la perplejidad de muchos que se habían aproximado a la formación política que dirige Santiago Abascal y que ahora creen percibir que en las filas populares las cosas están cambiando.

Con un añadido más. Que si, en estos años pasados, gobernaba el Partido Popular, ahora quien ocupa el Gobierno es el PSOE de Pedro Sánchez. Y, por tanto, quienes, aun estando en el ámbito de Vox, fijen como objetivo prioritario desalojar a los socialistas, muy posiblemente optarán por reconducir de nuevo el voto al PP.

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En Twitter @JoseApezarena

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