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El anodino Gobierno Sánchez (¿más que los de Zapatero?)

Primer_Gobierno_de_José_Luis_Rodríguez_Zapatero_(2004)
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Se atribuye a José Luis Rodríguez Zapatero la sorprendente afirmación de que "en España cualquiera puede llegar a ser presidente del Gobierno". No se sabe si lo dijo por él mismo, por su circunstancia, o bien se refería a otros.

En cualquier caso, repasando los nombramientos que fue aprobando, lo que sí demostró es que cualquiera puede ser ministro.

Uno de ellos, José Blanco, lo reconoció paladinamente: “Uno no es ministro por méritos propios ni por curriculum académico, uno es ministro porque el presidente del Gobierno así lo decide. Hay miles y miles de ciudadanos que podrían hacerlo mejor que yo o tan bien como yo y que no tuvieron esa oportunidad”.

Por ello, en vísperas de una remodelación de Gobierno que preparaba Zapatero, un analista escribió que, en un país donde "cualquiera puede ser ministro", poco importa quién ocupe cada cartera. Nos hemos acostumbrado a tener ministros de Cultura incultos, de Justicia injustos, de Economía derrochadores, de Educación analfabetos, de Sanidad que merman nuestra salud y de Trabajo que lo destruyen. Y concluía: "España siempre será el país que hizo ministra a Leire Pajín y luego pidió que lo tomaran en serio".

Pues, desde un punto de vista académico al menos, autores disputan sobre si el Gobierno que ahora termina, por convocatoria anticipada de elecciones, supera en nulidad a los que presidió Rodríguez Zapatero.

Conclusiones aparte, la realidad dice que con Pedro Sánchez hemos asistido a uno de los Ejecutivos más anodinos que se han conocido desde que tenemos democracia.

Lo han integrado una serie de ministros/as absolutamente desconocidos/as, que han pasado por el Gobierno como el agua sobre las peñas, sin dejar rastro.

La inanidad la encabeza la mismísima vicepresidenta, Carmen Calvo, a quien el cargo le ha venido francamente grande. Aparte de las meteduras de pata que ha protagonizado.

Pero, no es que no se sepa qué han hecho los ministros durante este tiempo, es que, con algunos de ellos, casi ni los periodistas nos sabemos los nombres.

Si alguien preguntara en la calle quiénes son María Luisa Carcedo, Reyes Maroto, Luis Planas o José Guirao, posiblemente pocos sabrían responder. Son los ministros/as de Sanidad, Industria, Agricultura y Cultura, respectivamente. Unos desconocidos, que no se sabe a qué se han dedicado.

Algo así habría ocurrido con Teresa Ribera, de no ser por el anuncio, luego rectificado, de que planeaba acabar con los coches de gasolina y diesel en 2040. Dolores Delgado, por su parte, saltó a la fama sobre todo por sus comprometedores almuerzos con Villarejo.

¿Y Pedro Duque? Pocas veces un nombramiento había despertado tanta expectativa y tanto eco mediático, y pocos ha permanecido tan en el silencio y el anonimato. La propia Meritxell Batet, que gozaba del buen trato de los medios, se ha mantenido en tal segundo plano que casi nadie sabe ni que es ministra, ni de qué.

Por eso mismo sorprendió que uno de los miembros del Gabinete, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, mostrara cierta talla política y hasta técnica cuando defendió los Presupuestos.

Los presuntos fichajes estrella, como Grande Marlaska, han decepcionado por su falta de aliento político, de empuje e iniciativa. Quizá porque este ha sido un Gobierno híper presidencialista, quizá porque Moncloa no les ha permitido levantar la cabeza para no tapar al líder, al todo poderoso y todo protagonista Pedro Sánchez. Por lo que sea.

Se salva Nadia Calviño y, tal vez, Josep Borrell, a pesar de que este último se ha visto atosigado y empequeñecido por las intromisiones desde Moncloa, protagonizadas por el súper viajero presidente del Gobierno.

Es verdad que Pedro Sánchez tuvo que formar su equipo como pudo porque recibió bastantes noes, pero ¡podría haber elegido un poco mejor! Aunque solo fuera para no batir el récord de Zapatero.

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En Twitter @JoseApezarena

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