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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Pero ¿aún no ha dimitido Ábalos?

Pedro Sánchez, junto a Adriana Lastra y José Luis Ábalos.
photo_camera Pedro Sánchez, junto a Adriana Lastra y José Luis Ábalos.

A este Gobierno le ha mirado un tuerto. Con perdón de los tuertos. Le salen mal demasiadas cosas, hasta el punto de que lleva camino de superar los récords que tenía Zapatero, que ya es decir. Nunca pensé que los éxitos del zapaterismo podrían ser un día rebasados.

Si miramos a las proclamas y declaraciones, la coalición social-populista en el poder sufre, ya lo hemos comentado, una epidemia de comportamientos incomprensibles, propios de acreditados bocachanclas.

Empezaron pronto Pablo Iglesias, y Alberto Garzón, el primero descalificando a los jueces de este país, el segundo incluyendo a la Fiscalía General en la estructura del Gobierno. Siguió Celáa diciendo que los padres no tienen competencias sobre sus hijos.

Después han venido Victoria Rosell, proponiendo aplicar en Murcia el artículo 155 de la Constitución para impedir el pin parental; luego, la vicepresidenta Carmen Calvo reclamando que la Cámara Baja se llame solo Congreso en lugar de Congreso de los Diputados, diciendo que también hay diputadas; después la presidenta de Navarra, María Chivite, afirmando que la derecha “vivía mejor con ETA", etc., etc.

Pablo Iglesias se dio el capricho de anunciar antes que nadie que iba a haber acuerdo sobre la subida del salario mínimo interprofesional, sin que todavía se hubieran sentado a la mesa de negociación las partes, los interlocutores sociales, empresarios y sindicatos. Por lo visto, tenía información privilegiada y no se pudo aguantar. Parece poco serio.

A propósito de ETA. Muy triste resulta el espectáculo de los diputados socialistas en Bruselas votando en contra de que se investiguen los más de trescientos asesinatos terroristas en el País Vasco aún sin esclarecer. ¿Qué argumentaron? Dijeron que ETA ya no existe. Pero si tienen como socios en la actual mayoría gubernamental…

A eso se añade la ausencia de socialistas en el homenaje a Gregorio Ordóñez, en el 25 aniversario del asesinato por pistoleros de ETA, acto en el que sí participó, por ejemplo, el lehendakari Urkullu. Miseria sobre miseria.

Sin perder de vista el anuncio de la reforma de los delitos de rebelión y sedición en el Código Penal, para permitir indultar más pronto que tarde a los políticos independentistas que se levantaron contra el Estado. Sus socios de Gobierno.

Pero se está superando con el cúmulo de despropósitos que vienen protagonizando sus componentes.

Pedro Sánchez, no solamente desacata la sentencia judicial que inhabilita a Quim Torra como diputado del Parlament, sino que se entrevistará con él como si ostentara en plenitud la presidencia de la Generalitat. Más aún, irá a Barcelona a cumplimentarle. ¿Dónde está la dignidad de un presidente del Gobierno de España?

Por si faltara algo, no se le ha ocurrido otra cosa que apropiarse del helicóptero que trabajaba en Baleares en tareas de búsqueda de un desaparecido, víctima de la pesadilla Gloria, para viajar a… los premios Goya. Si antes fue el Falcon a Benicásim, ahora tenemos el helicóptero.

El presidente no quiso recibir al visitante Guaidó, al que sí cumplimentaron Merkel y Macron, y rebajó la representación a la ministra de Exteriores.

 

Pero el colmo del despropósito y la chapuza es el escándalo, incluso la ilegalidad, de la estancia de la vicepresidenta venezolana en Barajas, con visita a escondidas del ministro Ábalos

Un ministro que respondió de forma insultante, casi chulesca, cuando le preguntaron por vez primera. Y que después mintió un par de veces o tres. Al final, quiso explicar que se vio con la vicepresidenta de Maduro, no como ministro, sino como miembro de la ejecutiva del PSOE. ¿En calidad de tal, de dirigente de un partido, le abrieron paso y le acompañaron los policías y guardias civiles? Que nos lo expliquen.

Y encima, en plan retador, va y dice que a él no le echa nadie de la política. Se equivoca, señor Ábalos. Tiene potestad para echarle el líder de su partido; y, si no, el partido como tal; y, si no, los votantes.

Lo de Venezuela, por cierto, está provocando una quiebra en el equipo del Gobierno, porque en Podemos no se fían de esos extraños contactos con los ministros venezolanos. No vaya a ser –se malician- que los colegas socialistas estén reuniendo información delicada sobre la financiación del partido morado.

Como decía, el Gobierno Sánchez-Iglesias va camino del récord, tal parece el cúmulo de despropósitos que presenta.

Visto todo esto, y unas cuantas cosas más que omito para no ser demasiado prolijo, reproduzco la pregunta que me formulaba un buen amigo, acreditado profesor: ¿Qué tiene que pasar para que en el Gobierno alguien dimita?

Yo añado: a estas alturas, ¿sigue siendo ministro José Luis Ábalos?

Por cierto, y a la vista de lo que viene ocurriendo, ¿dónde está Iván Redondo?

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