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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Dos ausencias (poco explicables) el Día de las Fuerzas Armadas

Izado de bandera el Día de las Fuerzas Armadas
photo_camera Izado de bandera el Día de las Fuerzas Armadas

El sábado se celebró en Madrid el Día de las Fuerzas Armadas, con un acto restringido, en la Plaza de la Lealtad, al que asistieron los reyes, los ministros de Defensa e Interior, las autoridades de Madrid (presidenta de la Comunidad, alcalde de la capital…) y otros altos cargos.

En esta ocasión había motivos excepcionales para celebrarlo a pesar de la pandemia, porque se rememoraba el quinto centenario de la vuelta al mundo, el centenario de la Legión, y el de las cuatro primeras bases aéreas que se crearon en España: León, Tablada, Zaragoza y Getafe.

Y un motivo más fue que este ha sido, para los ejércitos, un año que seguramente nunca volverá a repetirse, recordando la participación de los militares durante la pandemia de Covid (operaciones Balmis y Baluarte), la movilización con motivo de la tormenta Filomena, y también, más recientemente, su papel decisivo en controlar la crisis migratoria vivida en Ceuta.

El lugar elegido también resultaba especial: la Plaza de la Lealtad y el monumento a los que han dado la vida por España.

Inicialmente, el monumento se levantó en memoria de los héroes de Dos de Mayo, y de hecho se erige en el sitio donde el general Murat mandó fusilar a numerosos madrileños tras sofocar el levantamiento de Madrid en 1808.

Un sarcófago guarda allí cenizas de los madrileños fusilados aquel 2 de mayo, y el remate superior de la base presenta un medallón en bajorrelieve con las efigies de los capitanes Luis Daoíz y Pedro Velarde. En la base, puede leerse, en letras doradas, "HONOR A TODOS LOS QUE DIERON SU VIDA POR ESPAÑA".

Fue en 1985 cuando se transformó en monumento a todos los caídos, en un acto que presidió el rey Juan Carlos I. Ese año se colocó el pebetero, la antorcha que arde constantemente, salvo una excepción de carácter anecdótico: a principios de los años 90 se cortó la llama por falta de pago del Ministerio de Defensa, que sufría entonces un recorte presupuestario.

Dos años después, en 1987, empezó a celebrarse con carácter nacional el Día de las Fuerzas Armadas, que se conmemora el sábado más próximo al 30 de mayo, festividad de San Fernando.

El acto de este año consistió en un homenaje a los caídos por España, con colocación de una corona de flores en el monumento, y un corto desfile de las tropas: quinientos soldados que recorrieron trescientos metros desde Neptuno a Cibeles. La Patrulla Águila realizó dos pasadas sobre la Castellana.

Dos horas antes, se había celebrado en la Plaza de Colón un acto de homenaje a la bandera, con izado de la gran enseña que allí ondea, y que, como se recordará, colocó un alcalde socialista, Enrique Tierno Galván, entonces con bastantes resistencias de los ‘patriotas’ que temían que sería objeto de ataques y profanaciones, algo que no ha sucedido.

Y en el acto de la Plaza de la Lealtad se detectaron dos ausencias poco explicables: el presidente del Gobierno y la princesa Leonor.

El sábado, el presidente incumplió su obligación como jefe del Gobierno, cabeza del Ejecutivo y, por ello, verdadero mando de los Ejércitos. Él es quien, finalmente, da las órdenes, porque la supuesta jefatura del Monarca es solamente simbólica. Pero no estuvo.

Una vez más, nos encontramos con una de esas extrañas ausencias que de vez en cuanto protagoniza Pedro Sánchez, sin que nadie ofrezca explicaciones de por qué se producen.

Y por mi parte eché de menos la asistencia de la princesa Leonor, quien por cierto un par de días antes había recibido la confirmación.

Desde mi punto de vista, tiene toda la lógica que la heredera, ya con quince añosimplemente su presencia en actos castrenses, precisamente para aumentar el contacto con los Ejércitos, de los que un día, cuando llegue al Trono, será su jefe máximo de acuerdo con la Constitución.

Leonor ya ha estado presente en algún evento, el primero, en la base de helicópteros de Armilla. El último se desarrolló en abril, cuando actuó como madrina en la botadura del submarino S-81, que lleva el nombre de Isaac Peral.

A la espera de que se clarifique cuál, cuándo y cómo será la formación militar de la princesa, que en principio tendrá que esperar a que finalice los dos años del Bachillerato que cursará, a partir de septiembre en Gales, insisto en la conveniencia de familiarizarle con las fuerzas armadas.

En el caso de su padre se hizo muy tempranamente, cuando, con nueve a años, se vinculó de por vida a los Ejércitos ingresando en el Regimiento Inmemorial del Rey número 1, hoy dependiente directamente del Jefe de Estado Mayor del Ejército con consideración de Fuerza, y que proporciona al cuartel general, en el Palacio de Buenavista, la seguridad, los servicios y los apoyos que precisa.

Aunque técnicamente Leonor no ha consolidado su condición de heredera, porque lo hará cuando alcance la mayoría de edad con la jura de la Constitución, sin embargo no estaría de más ese progresivo acercamiento personal a las Fuerzas Armadas.

Podría, y quizá debería, haber estado en la Plaza de la Lealtad el sábado. La Casa del Rey tendría que habérselo planteado.

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