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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Carta a Pablo Casado: es tiempo de construir

Pablo Casado.
photo_camera Pablo Casado.

Bueno, pues ya hay presidente del Gobierno, y la semana que viene se conocerá la composición definitiva del Ejecutivo de Pedro Sánchez.

Asistimos al inicio de un curso político nuevo, novedoso, distinto, por lo mismo que estrenamos por vez primera en España un Gobierno de coalición. Y no cualquier coalición, sino una integrada por socialistas y populistas-comunistas. Que, además, se ha constituido gracias a los apoyos de republicanos, independentistas, herederos de ETA...

Todo ello daría, y da, motivo para centrar en esas grietas la actividad de la oposición, dedicándose a descalificar, a denunciarlo sin descanso, una vez tras otra.

Esa puede ser la tentación inmediata del Partido Popular para la legislatura. Hacerlo armaría mucho ruido y seguramente la daría notoriedad y portadas.

Sin embargo, bajo mi punto de vista esa estrategia puede ser un error. Porque desde la crítica se construye muy poco.

Por supuesto, habrá que vigilar al Gobierno Sánchez-Iglesias, y aprovechar las bazas que aparezcan, pero quizá ha llegado al momento de que el Partido Popular empiece a edificar una alternativa en positivo, ofreciendo, proponiendo, ilusionando, movilizando, dejando de mirar al pasado y apostando por el futuro. Ganándose el voto.

Va a tener a su favor la casi segura circunstancia de un Gobierno en dificultades por su composición: aún no se ha formado el nuevo equipo ministerial, y ya se han conocido los primeros desencuentros, por las filtraciones desde Podemos contando quiénes serán sus ministros, y por la decisión de Pedro Sánchez de que existan cuatro vicepresidencias en lugar de dos, lo que diluye de manera contundente la relevancia de Pablo Iglesias.

En problemas también por su evidente debilidad parlamentaria. Porque va a encontrar obstáculos graves para aprobar cualquier cosa. Quizá saque adelante los Presupuestos, que tiene medio pactados con Podemos, y que podría solventar con el resto de fuerzas por el sistema de regarles con dinero. Pero a partir de ahí, va a poder aprobar muy pocas leyes, muy pocas reformas. Con eso, buen número de sus promesas quedarán incumplidas, con la frustración social y política que ello provocará.

Sociológicamente, España es un país de centro izquierda. Suelen coincidir en eso los estudios de opinión.

Hasta ahora, la "derecha", o sea el PP, ha llegado al Gobierno solo después de graves fracasos de la "izquierda", es decir, el PSOE.

José María Aznar se convirtió en presidente gracias al desgaste brutal de un Felipe González con casi veinte años en La Moncloa, y sobre todo acosado por graves episodios de corrupción: Luis Roldán, Banco de España, BOE, Filesa... a lo que se sumaba el delicadísimo caso Gal, que estuvo a punto de llevarle ante los tribunales.

Tras dos legislaturas, el PP se vio desalojado del Gobierno con los atentados del 11-M, y únicamente volvió a triunfar de nuevo por la desastrosa gestión de Rodríguez Zapatero. Mariano Rajoy no ganó esas elecciones, las perdió Zapatero.

Cierto es que también ahora, como ocurrió con José María Aznar, la gestión de la economía, colocó al país en situación de prosperidad. Pero se ha demostrado que eso no es suficiente.

Y de nuevo la corrupción, en este caso del PP, ha estado detrás del último cambio, articulado mediante una moción de censura.

Ahora, el PSOE vuelve a gobernar. Y es más que posible que, por lo dicho al inicio, asistamos a una legislatura frustrante, con divisiones en el Gobierno, inactividad en la gestión... Y, en cierta medida, a una repetición del "zapaterismo".

El PP, y su líder, Pablo Casado, han de tener la paciencia necesaria para no desgastar fuerzas centrándose en el pasado, y, por el contrario, para dedicarse a articular una oferta que gane los votos por sus propuestas y no por sus críticas. Es más lento, más trabajoso, más difícil, requiere imaginación, ideas, y también acertar. Pero seguramente no le queda más remedio.

Por cierto, en esa propuesta global, además de asuntos de fondo como la familia, la educación y la igualdad, no deberían faltar aspectos como el feminismo, el ecologismo, la cultura, el fomento de la natalidad...

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