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Casado y Rivera buscan un mismo objetivo: tener las espaldas bien guardadas

Pablo Casado y Albert Rivera.
photo_camera Pablo Casado y Albert Rivera.

Con solo un día de diferencia, los líderes de Ciudadanos y de Partido Popular han aplicado la misma medicina a sus respectivas direcciones: nominar a personas de su máxima confianza.

Tiene cierta lógica que los dirigentes procuren convertir sus ejecutivas en núcleos compactos, equipos que compartan objetivos y estrategias, porque con disidentes dentro resulta prácticamente imposible trabajar: gran parte de los esfuerzos hay que dedicarlos a tapar agujeros y apagar fuegos.

Pero es también una medida de autoprotección por parte del líder, que desea tener cubierta la espalda, no vaya a ser que alguna navaja suelta acabe en su retaguardia vital.

La condición para que esas decisiones sean acertadas es que, a la vez que buscar personas fieles, el jefe de filas tenga también la valentía de nominar a personas valiosas, inteligentes y preparadas, resistiéndose así a la tendencia a rodearse de autómatas y esclavos silenciosos que le digan sí siempre y a todo.

Constituye, en efecto, una terrible tentación, construida con el argumento de la cohesión y la tranquilidad interna, pero con ello se incurre en el riesgo de la dictadura, y, sobre todo en el empobrecimiento y la ineficacia

A este respecto, no son pocos los que opinan que Pedro Sánchez ha congregado a su alrededor a personajes de no demasiada talla, personal y política, lo que ha  acabado configurando una ejecutiva socialista bastante anodina. Si el más destacado es José Luis Ábalos, el auténtico hombre fuerte en el partido, eso da bastante idea del perfil del resto de cargos internos.

Tras la elección de un nuevo presidente, en el Partido Popular se ha producido una auténtica barrida de viejos mastodontes, con la llegada de políticos bastante más jóvenes, y por eso mismo con limitada experiencia y cuajo. La mayoría tienen todavía que demostrar el porqué de esos nombramientos.

En Ciudadanos, Albert Rivera ha apagado el último incendio por la vía de rodearse de personas fieles, que cierren filas con la decisión de mantener el no a Pedro Sánchez cuando, en septiembre, solicite la investidura.

Por cierto, que algunos analistas identifican como un síntoma de decadencia, tanto en partidos como en gobiernos, el engordamiento de los órganos de gestión mediante la multiplicación excesiva de puestos y cargos. Por eso ahora observan con especial atención a Ciudadanos.

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En Twitter @JoseApezarena

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