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Cobardes, cómplices o las dos cosas

Taxistas en huelga en el Paseo de la Castellana (Madrid).
photo_camera Taxistas en huelga en el Paseo de la Castellana (Madrid).

¿Se imaginan que los reyes no hubieran podido llegar ayer a la inauguración de FITUR porque los taxistas lo impedían con su bloqueo?

No ha ocurrido así, porque se han desplegado los medios necesarios para evitar el espectáculo de un jefe del Estado sin poder circular, impedido de asistir a un acto oficial por las movilizaciones de los profesionales del taxi.

Los taxistas están bloqueando Madrid y Barcelona con sus vehículos, interfiriendo la vida de los ciudadanos, impidiendo en muchos casos llegar al puesto de trabajo o a casa... Sin hablar de los incidentes y las agresiones.

No parece razonable que, en este como en otros casos parecidos, la ciudadanía se convierta en rehén de todo aquel que quiera, por sus pistolas, alterar el derecho a la libre circulación y al trabajo, recurriendo mediante piquetes a taponar las vías de tráfico, sin que la autoridades, los responsables del orden, tomen medidas para asegurar una normalidad a la que tienen derecho los ciudadanos.

El presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido, reclamó al delegado del Gobierno que hiciera su trabajo, y movilizara a la fuerza pública para restablecer la tranquilidad en la vida de la capital, singularmente la libre circulación por calles y accesos. El delegado no le hizo caso.

En Barcelona, los profesionales del volante llevan días taponando las principales arterias de la ciudad, sin que se vea un policía municipal o un agente de los Mossos tratando de impedirlo. Se trata de acciones desplegadas con la mayor impunidad, siguiendo, por cierto, los pasos y tácticas de los grupos de CDR, que se mueven por Cataluña como Pedro por su casa.

En estas situaciones, la inhibición de los responsables del orden esconde la cobardía de unos altos cargos que no quieren complicarse la vida, o que piensan que intervenir puede penalizarles políticamente. Y por eso se mantienen inactivos.

Cabe recordar lo que ocurrió en Madrid durante el 15 M. Zapatero, desde La Moncloa, y Alfredo Pérez Rubalcaba desde el ministerio del Interior, hicieron dejación de su obligación de cumplir y hacer cumplir la ley, permitiendo una acampada en la Puerta del Sol que se convirtió en indefinida, sin que nadie diera orden de desalojo.

Se asistió a un campamento ilegal y multitudinario, que bloqueó una de las plazas centrales de Madrid, y que se mantuvo incluso en vísperas de las elecciones, cuando por  ley está prohibida cualquier movilización.

Las autoridades, los responsables, dejaron hacer, pasaron, por cobardía. Es lo que viene ocurriendo estas jornadas días en Madrid y Barcelona.

Aunque en este segundo caso, de la Ciudad Condal, posiblemente existan también algunas dosis de complicidad, al igual que ocurre con las andanzas de los matones de los CDR.

Cobardía, complicidad, o las dos cosas.

Quienes practiquen la pasividad y la inhibición en supuestos de orden público y de alteración de la normalidad ciudadana, deberían ser destituidos. Más aún. Tendría que existir la posibilidad de exigir responsabilidades también por la vía penal, porque comportamientos semejantes incurren en supuestos de ilegalidad.

Bueno. Reconozco que soy un ingenuo. Porque ninguna de esas dos cosas van a pasar. Nadie será cesado. Y mucho menos aún procesado. Y todo seguirá igual.

[email protected]

En Twitter @JoseApezarena

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