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Un ‘corderito’ llamado Pablo Iglesias

Pablo Iglesias en Vistalegre II
photo_camera Pablo Iglesias en Vistalegre II

"Sí, prometo acatar la Constitución hasta que los ciudadanos de mi país la cambien para recuperar la soberanía y los derechos sociales".

Tal fue la fórmula de acatamiento de la Constitución que utilizó Pablo Iglesias la primera vez que lo escenificó públicamente. Fue en junio de 2014, ante la Junta Electoral Central, como requisito para tomar posesión del acta de eurodiputado que acababa de obtener.

Y, a continuación, el líder de Podemos explicó que había utilizado esa fórmula porque consideraba que la toma de posesión era "una excelente oportunidad para recordar la necesidad de abrir un proceso constituyente en nuestro país", y "de devolver la palabra al pueblo" para que entre todos "discutamos democráticamente qué futuro queremos para nuestro país".

En enero de 2013, la frase que utilizó fue: "Prometo acatar esta Constitución y trabajar para cambiarla", añadiendo después en lenguaje de signos: "Un país con su gente".

Hace solo seis meses, en mayo de 2019, con ocasión del inicio de la XIII legislatura, Pablo Iglesias prometió acatar la Constitución "por la democracia, por los derechos sociales y por España".

¿Y qué hizo el martes, en esta XIV legislatura? Pues limitarse a un simple "Sí, prometo".

¿Qué ha ocurrido? ¿Ya no propugna abrir un periodo constituyente, que el pueblo recupere los derechos sociales, y discutir el futuro del país? Por lo visto, no. O no lo quiere decir.

¿Qué hay detrás de esa nueva actitud del antes aguerrido líder de Podemos, que estaba empeñado en conquistar el cielo, según afirmó en la asamblea del partido celebrada en Vistalegre en octubre del año pasado, cuando dijo: "El cielo no se toma por consenso, se toma por asalto".

Parece que Pablo Iglesias ya no quiere asaltar nada. ¿Motivo? No desea poner en peligro sus opciones de convertirse, nada menos, en vicepresidente del Gobierno.

Para ello, el líder podemita se ha entregado con armas y bagajes a Pedro Sánchez, que le ha atornillado al máximo. Tal como se cuenta en la portada de ECD, el actual (y quizá futuro) presidente del Gobierno, le ha transmitido esta instrucción: "Si quieres ser vicepresidente, pórtate como vicepresidente".

Y Pablo Iglesias ha claudicado. Por eso mismo, el hipotético Gobierno de coalición PSOE-Podemos no ha asumido la promesa de acabar con la reforma laboral del PP. Y por Iglesias eso ha aceptado tres condiciones de Sánchez: abandonar el populismo, no meterse con los bancos, y no visitar a Oriol Junqueras en la cárcel.

A lo que parece, Iglesias se ha convertido en un 'corderito', políticamente hablando. Si, como dijo el primer Borbón francés, "París bien vale una misa", todo indica que, desde su punto de vista, una vicepresidencia del Gobierno bien vale una rendición completa.

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En Twitter @JoseApezarena

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