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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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La desaparición de Podemos

Yolanda Díaz
photo_camera Yolanda Díaz

Podemos ha iniciado el camino de la desaparición. Quizá no como marca, porque tal vez el nombre se mantenga, pero si como proyecto político.

Me refiero al fenómeno que pusieron en marcha, hace siete años, los Iglesias, Errejón, Monedero, Bescansa, Luis Alegre… aprovechando las energías que estallaron en el país en torno al 15-M.

En realidad, Podemos como tal había muerto desde hace al menos dos años, cuando Íñigo Errejón anunció su marcha. Se ha mantenido artificialmente, por la presencia de Pablo Iglesias, que ahora está también de salida.

Efectivamente, aquel diseño de partido espontáneo, informal, horizontal, asambleario, hasta ilusionante, ha desaparecido. Quedaba una estructura vacía, la carcasa de ocupar algunos cargos, de tener diputados. Pero había perdido la esencia.

Ahora, Pablo Iglesias acaba de ungir como nueva líder del partido a Yolanda Díaz. Un dato significativo, porque es militante del Partido Comunista, pertenencia a la que nunca ha renunciado a pesar de su presencia en Podemos.

Hija de un sindicalista afiliado al PCE, sobrina de un líder de la izquierda gallega, ella misma ha contado que, cuando tenía apenas cuatro años, Santiago Carrillo le besó la mano. No lo ha olvidado. En cuanto cumplió la edad requerida, se afilió al Partido Comunista.

Estudió derecho, montó un despacho laboralista en Ferrol, y fue concejal en ese ayuntamiento. Ha llegado a ministra, y dentro de poco a vicepresidenta tercera del Gobierno. Y ha seguido militando en el PCE.

Yolanda Díaz tiene algunas bazas a su favor. Una, la buena imagen. Se ha escrito de ella que “viste la ropa sobria y elegante de los aristócratas del Partido Comunista Italiano”. Otra es la fama acumulada como negociadora.

Si de algo puede presumir Pedro Sánchez en lo que lleva de mandato son los ocho acuerdos alcanzados en el marco del diálogo social. Y todos ellos los ha negociado Yolanda Díaz.

Y, sin embargo, su liderazgo en Podemos no está claro. ¿Alguien imagina un formación morada sin Pablo Iglesias? ¿Es posible un Podemos sin Iglesias? Me parece que no. ¿Tiene Yolanda Díaz fuerza y autoridad para revivir el proyecto inicial, el que nació hace siete años? Pienso que no, porque aquel aliento ha desaparecido.

Cuando nació Podemos, pronto se habló de que sería un fenómeno coyuntural, transitorio. Se pronosticó que acabaría reducido a lo que siempre ha representado el electorado comunista, articulado con distintos nombres, el último como Izquierda Unida. Una formación que consiguió su mejor resultado con los 21 diputados alcanzados por Julio Anguita.

Han pasado solo siete años, y Podemos desaparece. Le sucede el Partido Comunista de siempre, se llame como se llame. Ahora, hasta puede conservar el nombre de Unidas Podemos. Pero solo el nombre.

editor@elconfidencialdigital.com

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