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José Apezarena
José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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El “efecto bandera” salva a Pedro Sánchez

Pedro Sánchez en la sesión de investidura
photo_camera Pedro Sánchez en la sesión de investidura

Las manifestaciones convocadas en medio mundo para protestar por la muerte de George Floyd han ofrecido en Londres un episodio especialmente llamativo. Los activistas pintaron en la estatua del premier británico, Winston Churchill, en Westminster, la palabra “racista”. ¡Si lo hubiera visto sir Winston!

Andrew Roberts, uno de los biógrafos del que fuera primer ministro, ha calificado de “ignorantes” a los autores de la hazaña, diciendo que Churchill fue el mayor antifascista de la historia. Sin él, Adolf Hitler, un auténtico racista, habría matado a mucha más gente por motivos racistas. Recordó que unos seis millones de judíos fueron víctimas del holocausto, y que Churchill defendió la participación británica en la Segunda Guerra Mundial con el fin de poner freno al régimen nazi.

A propósito de tan conocida figura política, la realidad es que, en aquellos momentos aciagos, Churchill consiguió aglutinar detrás de él a los británicos, que protagonizaron la epopeya de sobrevivir primero a los bombardeos alemanes, sobre todo en Londres, y después derrotar a las tropas germanas hasta la firma de la paz en Postdam.

El carismático premier se vio beneficiado de lo que los sociólogos llaman el “efecto bandera”, que, por resumir, consiste en que cuando un colectivo se siente gravemente amenazado, y más aún si es atacado, sus integrantes tienden a cerrar filas detrás de la persona que les lidera, sea quien sea, aparcando para ello cualquier otra consideración lateral, y por tanto menos imperiosa.

Por así decirlo, los ciudadanos se agrupan todos detrás del que “lleva la bandera”. De ahí el nombre del susodicho efecto.

Pues eso mismo es lo que están afirmando aquí expertos demóscopos cuando analizan los resultados de algunas encuestas, que conceden a Pedro Sánchez una elevada intención de voto a pesar de las penosas circunstancias que ha padecido el país, de las evidentes carencias del Gobierno, de los engaños protagonizados, y del elevado número de víctimas sufridas, en contagiados y en fallecidos.

Atribuyen esos datos tan optimistas, desde el punto de vista electoral, a que la ciudadanía, preocupada, asustada, amenazada, ha cerrado filas con “el que manda”. Es decir, se ha producido el “efecto bandera”. A favor de Pedro Sánchez, por supuesto.

Ahí puede estar la explicación de tan llamativos sondeos, que dan al PSOE incluso mejores resultados de los que alcanzó en las últimas elecciones generales.

Dicho lo cual, he de añadir otro dato histórico. Cuando terminó finalmente la Segunda Guerra Mundial y volvió la paz, se celebraron de nuevo elecciones en Gran Bretaña… y Winston Churchill las perdió. Tuvo que abandonar Downing Street.

¿Cómo han querido explicar los analistas esa paradoja, de ver al vencedor de la batalla militar derrotado en las urnas? Sostienen que, una vez superado el periodo de dolor y sufrimiento, los ciudadanos están deseando “pasar página”, no volver sobre el pasado, olvidar. Y que eso es lo que derrotó a Churchill.

Si el citado “efecto bandera” estuviera detrás de las optimistas encuestas de Pedro Sánchez, ¿cuando acabe la pesadilla del coronavirus se producirá también el efecto rechazo del supuesto líder, como le ocurrió a sir Winston? Esperaremos a ver la respuesta.

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