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¿Es España un país enfermo... electoralmente?

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José Luis Ábalos, ahora guiso de todas las salsas, creyó que su ultimátum iba a resultar definitivo.

Advirtió públicamente de que, si no había apoyos suficientes a Pedro Sánchez, si no era posible la investidura, tendrían que celebrarse de nuevo elecciones en España.

Pensó que agitar ese fantasma provocaría el pánico en las demás formaciones políticas, que por ello se apresurarían a prometer sus votos al candidato, con tal de que no fuera precisa una nueva convocatoria electoral.

En España llevamos tres elecciones generales sucesivas, 2015, 2016 y 2019, que no han acabado de resolver el panorama político, porque han dado como resultado Gobiernos inestables como consecuencia del fraccionamiento del voto.

Muchos de los que suspiraban por el final del bipartidismo ahora lo echan en falta, a la vista de los problemas que, vez tras vez, plantea la formación de una mayoría parlamentaria estable.

¿Cuál es el problema? Que el recurso a volver a llamar a las urnas, como posible solución para salir del impasse político, se convierte en una opción incluso peor que la actual.

Se ha contado en las páginas de ECD. Si se repitieran elecciones generales, las consecuencias serán: mayor abstención, subidas de PSOE y PP, bajadas de Ciudadanos y Podemos, derrumbe de Vox, y, como resumen, los bloques de izquierda y derecha tendrán más problemas que ahora para lograr una mayoría de gobierno. En resumen, saldrá un país más ingobernable que ahora.

Visto lo que ocurre estos últimos años, ¿cabe preguntarse si España es hoy un país enfermo, electoralmente hablando?

Lo que está pasando es que han llegado hasta nosotros, pero con cierto retraso, algunas de las corrientes de fondo que afectan a la mayor parte de las naciones europeas.

Cabría resumirlo diciendo: alejamiento o desilusión de los ciudadanos respecto a la política y los políticos, crisis profunda de los grandes partidos tradicionales, irrupción e impacto cada vez mayor de los populismos de distinto signo (de derechas y de izquierdas), con unas dosis de tensiones separatistas añadidas.

Desde mi punto de vista, algunos síntomas de enfermedad sí que parecen existir. Y da la impresión de que no van a desaparecer tan fácilmente.

Y no me tranquiliza nada el que también lo sufran nuestros vecinos y aliados europeos. Más bien lo contrario. Ya lo dice el viejo refrán castellano: mal de muchos...

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En Twitter @JoseApezarena

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