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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Por favor, señores políticos, ¡mentidnos!

Fernando Simón, rueda de prensa 25 de junio de 2020
photo_camera Fernando Simón, rueda de prensa 25 de junio de 2020

Dijeron que las mascarillas no eran necesarias porque no había suficientes, y ahora las exigen bajo amenaza de multa. Se escudaron en un comité de desescalada que en realidad no existió. Crearon un grupo de expertos para la reconstrucción que nunca se ha reunido. El Gobierno insiste en los 28.000 muertos por el Covid-19 cuando en realidad son más de 44.000…

Mentiras, trapicheos y engaños. Y no pasa nada.

Alguna vez me han invitado a hablar en público sobre las fake news, las noticias falsas, y he afirmado que una novedad de estos tiempos es que la mentira no se "paga", no tiene consecuencias. Al menos en política. Lo estamos comprobando en España.

Suelo también comentar entonces que la verdad no está de moda. Que no tiene buena prensa. Una de las razones es que se ha configurado una nueva sociedad, la “modernidad líquida”, en expresión de Zygmunt Bauman, el recientemente fallecido sociólogo polaco que estudió la revolución social y cultural producida en el siglo XX. 

Bauman lo explicaba diciendo que se han desvanecido las instituciones sólidas que, en el pasado, marcaban nuestra realidad: no hay referentes. Y se ha dado paso a una realidad marcada por la precariedad, el ritmo cambiante e inestable, la celeridad de los acontecimientos y la dinámica agotadora, junto con la tendencia al individualismo.

La “cultura líquida” no es una cultura de aprendizaje y acumulación, como en el pasado, sino una cultura de desapego, discontinuidad y olvido. El clic podría ser el paradigma. “La vida social se ha transformado en una vida electrónica o cibervida”, dice el sociólogo polaco.

Nos encontramos en la era de la post verdad. Un concepto que acuñó la directora de The Guardian, Katharine Viner, y que fue palabra del año en 2016.

La post verdad, o “mentira emotiva”, describe la distorsión deliberada de una realidad, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales, en la que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales.

Katherine Viner mencionó tres claves que explican esta deriva:

-Los políticos están abocados al discurso emocional y no racional. Hay que encender, hay que motivar. ¡Al cuerno la verdad!

-El funcionamiento de los nuevos medios de comunicación ha cambiado. El modelo de negocio en Internet está basado en los clics. Eso lleva a enfocar, y sobre todo a titular, las noticias buscando el impacto en buscadores, con palabras claves, aunque no respondan exactamente a lo que se cuenta dentro

-El consumo de la información también ha cambiado. Redes sociales y motores de búsqueda son el principal alimento de noticias. Facebook es mucho más influyente en la difusión de información falsa. Según un estudio impulsado por Twitter, la información falsa llega más lejos, más rápido y a más gente que la verdadera. Entre otras cosas, porque la verdad suele ser más “aburrida” que los inventos. 

Un dato más. No solo está en crisis la verdad: están en crisis los hechos. Noam Chomsky, el hombre que revolucionó la lingüística moderna y se convirtió en conciencia crítica de Estados Unidos, declaró recientemente: "La gente ya no cree en los hechos”.

A todo lo cual hay que añadir ahora la censura y el nuevo 'macartismo': la exclusión y castigo del disidente, de quien no coincide con la doctrina en boga, del que piensa por su cuenta. Por cierto, Chomsky es uno de los firmantes de la carta de intelectuales y artistas en Estados Unidos denunciando la intolerancia con quienes piensan distinto, la moda de la humillación pública y el ostracismo que se está imponiendo sobre todo desde el izquierdismo político.

Volviendo a la verdad, no son buenos tiempos. Y eso lo saben bien los políticos, los de la derecha y los de la izquierda. Que por eso proceden impunemente, sabiendo que el engaño, la simulación y la mentira no les serán imputadas.

Así que, ¡miéntannos, por favor! Que no pasa nada. No pasa nada porque la culpa es nuestra.

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