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Del feminismo al socialismo camuflado

Pedro Sánchez con la general Patricia Ortega
photo_camera Pedro Sánchez con la general Patricia Ortega

Pedro Sánchez se muestra dispuesto a convertirse en el campeón mundial del feminismo. Y va poniendo los medios para ello.

Tal como se ha contado en ECD, prepara una tercera vicepresidencia, esta ecológica, para una mujer, Teresa Ribera, hasta ahora ministra del ramo. Con lo que, en principio, contará con tres mujeres vicepresidentas.

Las otras dos son Carmen Calvo, de la que no quiere prescindir, y que asumirá el perfil político del Gobierno, y Nadia Calviño, que lo será del ámbito económico, tal como anunció Sánchez durante el debate televisado del lunes.

En ese debate, Pedro Sánchez proclamó que España necesita "mejorar en paridad", si bien destacó que el Parlamento español es la Cámara con más mujeres de la Unión Europea, y presumió de que el Gobierno que formó tras la moción de censura es, en el mundo desarrollado, el que más mujeres tiene. Pero, por lo visto, hay que "mejorar".

Ahora, si gana las elecciones, ese Gobierno será también el que más vicepresidentas mujeres tiene. Creo.

Convicciones personales aparte, detrás de ese feminismo a todo plan se esconde el problema más grave que afecta al socialismo, en España y en general en todo el mundo: que se ha quedado casi sin banderas. Y tiene que buscarlas donde sea.

El principal argumento para el nacimiento del socialismo, y para su teórica pervivencia y necesidad de futuro, es la ordenación de la economía de los países, en lucha abierta contra los capitalismos. Esa ha sido la base ideológica de sus programas políticos.

El problema es que, en ese terreno, sus ideas y postulados han tenido que dejar paso al pragmatismo, por la vía de incorporar teorías y prácticas de otros campos ideológicos, incluso enfrentados, ante la evidencia de que la mayor parte de sus viejas recetas ya no sirven en estos tiempos. Han quedado casi obsoletas.

Por no hablar de los fracasos cosechados en materia económica durante la gestión de los gobiernos de Felipe González, Zapatero, y últimamente Pedro Sánchez, que dejaron el país tiritando. Basta ahora mirar las cifras de paro.

Perdida la identidad reivindicativa en lo económico, el socialismo se ha visto abocado a buscar otros campos para poder subsistir. Y entonces aparece el feminismo. Lo mismo que han tenido que agarrarse al ecologismo, una asignatura que Pedro Sánchez está cursando de forma acelerada con el ascenso de Teresa Ribera.

Y, de paso, forzando para que España organice la Cumbre del Clima, a pesar de la premura de tiempo y las dificultades prácticas. Incluyendo invitar a Greta Thunberg, a gastos pagados. Todo sea por la preciada bandera ecologista.

En ese mismo panorama, de la necesidad de encontrar motivos para reclamar el voto, cabría ubicar también la "operación Franco", que vendrá seguida de la ofensiva para reorientar el Valle de los Caídos, de la entrega de dinero público para la investigación y exhumación de cunetas por toda España...

¿Socialismo? Feminismo, ecologismo, antifranquismo... y lo que haga falta.

[email protected]

En Twitter @JoseApezarena

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