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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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El filo de la navaja de Pablo Iglesias

Teresa Rodríguez y Pablo Iglesias
photo_camera Teresa Rodríguez y Pablo Iglesias

Pablo Iglesias empieza a correr demasiados riesgos en demasiados terrenos. El principal, el peligro para el mantenimiento del pacto de izquierdas entre PSOE y Podemos. O al menos de su propia continuidad dentro del Gobierno.

Los integrantes del Ejecutivo de coalición se han enzarzado en peleas y más peleas, algunas de las cuales ni siquiera trascienden al exterior. Hasta se habla de guerra interna.

Por lo visto, aquella reunión a finales de diciembre, para pacificar la situación, de la que salieron propósitos de enmienda, no está sirviendo para mucho.

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¿Qué está pasando? Pues que Pablo Iglesias se muestra rabioso. Motivo: no acaba de levantar cabeza ni de recuperar la iniciativa. Su figura sigue a la baja, y en las encuestas aparece como el ministro peor valorado.

Tras los fracasos en Galicia y en el País Vasco, en Cataluña ha salvado los muebles, pero corre peligro de convertirse en partido prescindible a la hora de formar nuevo gobierno catalán.

Se da cuenta de que no acaba de imponer mediáticamente su figura, y a eso se añaden tormentas judiciales, como ahora la imputación de Juan Carlos Monedero por el caso Neurona. Si al PP le causan mucho daño la ristra de sumarios y juicios sobre corrupción, a Podemos tampoco le ayuda demasiado. Y les pone frenéticos.

Y por eso también se han echado a la calle, patrocinando las movilizaciones contra el encarcelamiento de Pablo Hasél.

Casi es agarrarse a un clavo ardiendo. Entre otras cosas, porque Hasél no apoya precisamente a Podemos, tal como se le escucha en algún vídeo que ha circulado por las redes.

Las escenas de violencia, quema de contenedores, ataques a tiendas, destrozo de cajeros y motos, junto con policías heridos y hasta de actos de pillaje… no son tarjeta de presentación para nadie.

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Y el respaldo, o al menos el silencio, de uno de los partidos del Gobierno a los protagonistas no parece la mejor recomendación para sostener la fiabilidad de ese partido.

Esa apuesta tampoco le va a proporcionar demasiados dividendos a Podemos, porque se llevarán el rédito grupos aún más radicalizados, mientras que, por el contrario, retraerá a algunos sectores, enemigos de los alborotos y la violencia.

Un nuevo episodio ha sido el intento de Podemos de boicotear en el Congreso la toma en consideración de la ley de igualdad de trato y no discriminación promovida por el ala socialista del Gobierno.

La conocida como Ley Zerolo, que cuenta con un informe contrario del Ministerio de Igualdad de Irene Montero, superó ese primer trámite a pesar de que Podemos maniobró para que los partidos de izquierdas del Congreso votaran en contra.

Pablo Iglesias exige al PSOE que le deje dirigir la política de Igualdad, pero los socialistas creen que los morados han cruzado todas las líneas con este movimiento.

La ley trans de Irene Montero, considerada desde los técnicos y juristas un nuevo bodrio, como ya ocurriera con la anterior, sigue bloqueada por el Gobierno, en este caso encabezado por Carmen Calvo.

En nombre del feminismo “de siempre”, la vicepresidenta se ha mostrado enemiga declarada de la línea ideológica que quieren imponer las feministas reunidas en el ministerio de Igualdad.

Los alquileres, el mercado energético o la reforma del Código Penal llevan meses enfrentando a socialistas y morados. Es un no parar.

Hay un cansancio casi infinito entre los socialistas. Hasta el punto de que a Pedro Sánchez le están llegando desde dentro voces de que tiene que hacer algo. “Esto no puede seguir así”, le han dicho.

A Pablo Iglesias le llueven cada vez más palos, como las acusaciones de deslealtad que se han vertido desde El País.

La crítica a la calidad de la democracia española ha sido el último aldabonazo del líder de Podemos, que ha sentado como patada en la entrepierna dentro del Gobierno.

Pero Pedro Sánchez descarta por el momento cualquier medida. Sabe que una ruptura total abocaría a una disolución de las Cortes y convocatoria de elecciones, algo que de ningún modo desea.

Pablo Iglesias camina por el filo de la navaja.

El problema es que tanto estirar la cuerda, por parte de un nervioso y desencajado líder de Podemos y vicepresidente, puede conducir a que se rompa. Y entonces…

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