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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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La fría venganza de Pedro Sánchez

Pedro Sánchez, habla con Adriana Lastra en el Congreso,
photo_camera Pedro Sánchez, habla con Adriana Lastra en el Congreso,

Una de las consecuencias de la pandemia de coronavirus que nos está acogotando de nuevo es que el sistema autonómico ha quedado muy tocado.

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La pandemia de coronavirus supera los 43 millones de casos con 1,15 millones de muertos.

Se ha descubierto que en este país hace falta un Estado fuerte, organizado y capaz. Al menos para emergencias graves de diversos tipos, uno de ellos las sanitarias.

Porque resulta que el virus no sabe de fronteras ni de legislaciones regionales, y se está comportando a su aire, por acá y por allá, entrando y saliendo, hasta colocar a algunas administraciones regionales al borde del colapso.

Al comienzo de la pandemia, allá por el mes de marzo, las comunidades autónomas, celosas de sus competenias, insistían en tener el mando de la situación, y se quejaban de intromisiones del Estado.

Querían llevar la responsabilidad y decidir. Ahora se han encontrado con que no pueden con la pandemia. Y que se necesita coordinación entre todos los territorios y, por supuesto, la acción centralizada desde el Gobierno.

Asistimos a un rebrote grave del coronavirus y ¿qué ocurre? Pues que el Gobierno ha dejado solas a las comunidades autónomas durante muchas semanas, moviéndose y decidiendo a su aire, hasta que han comprobado, repito que ellas solas no pueden controlar la situación.

¿Y cómo ha reaccionado Pedro Sánchez al verles en apuros graves? El presidente del Gobierno les ha castigado. Les ha dejado solas durante semanas, optando por la pasividad. Se ha quedado quieto.

Se siente más cómodo quedándose al margen, porque es consciente de que el peso del problema, y con ello el desgaste, recae ahora directamente sobre los distintos territorios. No sobre el Gobierno.

Así que Sánchez se muestra encantando de haberse lavado las manos tras el verano.

Pero es que, además, y esto es ya grave, no ha construido el aparato legal que habría permitido a las autonomías actuaciones especiales, ahora imposibles, como confinamientos sin necesidad de declarar estado de sitio.

No ha existido la labor legislativa que Carmen Calvo prometió en el momento de terminar las prórrogas del estado de sitio. Vistas las cosas hoy, repasar las promesas que hizo entonces y su inoperatividad producen indignación y sonrojo.

Tal omisión regulatoria, como sobre todo la pasividad del Gobierno en actuar ahora, constituyen una enorme irresponsabilidad por omisión, que están pagando los ciudadanos en forma de contagios masivos y de fallecimientos. Un considerable tanto de culpa de lo que está pasando hay que anotarlo en el debe del Ejecutivo.

Es que la fría venganza de Pedro Sánchez nos está costando muy cara a todos. Si, como suele decirse, la venganza es un plato que se toma frío, ya que resulta obligado esperar, el presidente del Gobierno ha puesto en práctica la táctica de sentarse al borde del camino para ver pasar el cadáver del enemigo.

Y ahora, en plan generoso, ya se digna reunirse, hablar, escuchar y, en su caso, ofrecer los apoyos que ha tenido paralizados durante las semanas del rebrote.

Porque, hasta aquí, tras el resurgir de la enfermedad ni ha habido campañas nacionales de sensibilización, ni han sido movilizadas las fuerzas de seguridad como se aplicó en el pasado, ni se ha enviado medios técnicos y sanitarios a las distintas zonas. Nada a nivel estatal.

Y aquella parafernalia de ruedas de prensa diarias y colectivas, más los aló presidente todos los fines de semana, han dejado paso al silencio. Como si no pasara nada en España, o al Gobierno no le concerniera.

El problema es que sí está pasando, y que miles y miles de ciudadanos se están contagiando, y cientos de ellos muriendo. Mientras Pedro Sánchez se ha dedicado a mirar a otro lado.

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