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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Un Gobierno arrodillado

photo_camera Pedro Sánchez y Pere Aragonés en el Palacio de la Generalitat antes del inicio de la mesa de diálogo Gobierno-Cataluña

De cierta pena el espectáculo del Gobierno demandando votos aquí y allá, pordioseando, a cambio todo tipo de contrapartidas, algunas de ellas vergonzantes. Y eso, las que conocemos...

Es sabido que toda negociación requiere concesiones. Se trata de algo normal en cualquier ámbito. Donde se plantea la discusión es al analizar cuáles y de que tipo son las cesiones.

Pedro Sánchez ha logrado un gran éxito político, al ver ratificados por segunda vez los apoyos a los Presupuestos del Estado, con hasta 180 votos. Las cuentas públicas han logrado el respaldo de once formaciones políticas: PSOE, Unidas Podemos, ERC, PNV, Bildu, PDeCAT, Más País, Nueva Canarias, Compromís, Teruel Existe y PRC. El éxito constituye una evidencia. Lo discutible son los precios pagados.

El problema es que Sánchez ha convertido en regla de comportamiento la cesión, cualquier cesión, toda cesión.

El Gobierno ha pactado con ERC, por ejemplo, blindar el catalán en la ley audiovisual, de forma que las series sean versionadas en la lengua regional. El 6% de las producciones audiovisuales deberán cumplir tal requisito, lo que afectará a los contenidos de plataformas como Netflix y HBO.

El castellano en Cataluña es el pago.

Lo ha acordado con un ejecutivo que acaba de proclamar que no piensa cumplir la sentencia del Tribunal Supremo según la cual debe haber un mínimo del 25 por ciento de enseñanza en castellano dentro del sistema educativo catalán. Pere Aragonés se ha plantado y ha anunciado que naranjas de la china.

¿Ha respondido algo el Gobierno? No. Con lo cual acepta que su socio parlamentario incumpla públicamente la ley. Digo yo...

Visto tal acto de rebeldía institucional, ¿hay motivo para recurrir de nuevo al artículo 155 de la Constitución en Cataluña? Pablo Casado ha ofrecido a Pedro Sánchez sus senadores para sacarlo adelante. No obstante, creo que no es el momento procesal. Bastará con que hablen los tribunales, que, por cierto, en ocasiones recientes ya han metido en la cárcel a unos cuantos independentistas catalanes.

 

Sánchez tiene prevista otra concesión vergonzante: la eliminación de la comisaría de Policía de Vía Layetana, en Barecelona. Digo vergonzante, porque lo está ocultando detrás de un detalle rastrero: suprimir de los actuales Presupuestos la partida destinada al mantenimiento del edificio. Con lo que, de entrada, se condena a los funcionarios a trabajar en unas instalaciones inadecuadas. Y, después, a falta de mantenimiento, se podrá declarar el inmueble impracticable y se tendrá la ‘excusa’ para cerrar una instalación policial que tanto odian los independentistas.

La Policía en Cataluña es el pago.

Para pagar sus apoyos parlamentarios, el presidente está recorriendo también el camino de ‘blanquear’ a los herederos de ETA, mirando hacia otro lado con los homenajes a los asesinos, e incluyendo la impunidad a base de olvidarse de los cientos de atentados pendientes de aclarar. Por supuesto, todos los presos están ya en el País Vasco o al lado.

La memoria de las víctimas es el pago.

Y acaba de conceder a EH Bildu que la televisión vasca invada navarra.

Navarra es el pago.

Se trata solo de algunas de las contrapartidas, y no conocemos ni la mitad de las concesiones a los supuestos socios.

Por si fuera poco, el presidente del Gobierno se dedica a comprar voluntades con el dinero de todos, como acaba de ocurrir con los sindicatos. En febrero incrementó un 56% la partida para subvencionarles, y ahora ha anunciado que destinará 100 millones de euros, procedentes de los fondos europeos, a reformar las sede de las centrales sindicales.

Por no hablar de la partida destinada al Bono Cultural Joven, supuestamente para facilitar el acceso de los jóvenes a la cultura y revitalizar la industria cultural, pero realmente para congraciarse con ese segmento de población.

El dinero de todos para pagar la permanencia de Pedro Sánchez en La Moncloa.

Por cierto que, repasando las concesiones citadas, había pensado titular así esta pieza: “Gobierno genuflexo”. Después me ha dado cuenta de que “arrodillado” parece más expresivo. Pues eso.

editor@elconfidencialdigital.com

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