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José Apezarena
José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Los hijos (numerosos) del coronavirus

Escribí hace un par de días que la plaga del coronavirus, que ha quebrado la normalidad de la vida en este país, con decenas de miles de víctimas, entre enfermos y fallecidos, va a traer de rebote algunas consecuencias que, aunque pueda resultar paradójico, hasta van a resultar positivas.

Cité el ejemplo de sacrificio de tantos colectivos, médicos, sanitarios, servicios básicos, dependientes de los mercados, fuerzas del orden… Y tantos gestos de solidaridad y de generosidad. A lo que se suma un sano sentimiento de gratitud que se está forjando en el alma de todos.

También me refería a algunos “descubrimientos” que se están produciendo en las familias, como el aprovechamiento de la jornada, la convivencia en armonía, el sacrificio por otros, la diversión estando juntos, la lectura, etc., etc.

Y no creo equivocarme si digo que otra circunstancia positiva va a ser el aumento de embarazos, como resultado natural de estas largas semanas de convivencia matrimonial en los hogares.

Los hijos (numerosos) de la crisis del coronavirus van a ser una buena noticia, dentro de lo malo de esta penosa, incluso dramática, situación sanitaria.

Se ha puesto de moda hablar de la “España vacía”. Una realidad evidente, que, por si faltara algo, va a peor.

No son solamente las zonas más rurales, el campo y los pueblos, por así decirlo, sino que capitales de provincia y de comarca acusan desde 2008 una progresiva pérdida de habitantes que emigran a las grandes ciudades en busca de mejores condiciones de vida. Es lo que se llama también la España abandonada.

Pero hay otra España vacía, la España que se va quedando sin niños y que, por tanto, se hace cada vez más vieja. En medio de la miopía y la inoperancia suicida de los políticos.

Aquí, el número de defunciones supera al de nacimientos. En el primer semestre de 2019, el crecimiento vegetativo siguió siendo negativo: murieron 214.218 personas y se registraron 169.216 nacimientos. Las expectativas son pesimistas.

Menos mal que la inmigración compensó el desequilibrio, con un saldo positivo de 209.097 personas, que colocó la población española en 47,1 millones de habitantes. O sea, crece la población extranjera, mientras que el número de habitantes de nacionalidad española se reduce.

Sin embargo, si España se vacía en ese sentido, no ocurre lo mismo con nuestros vecinos. Francia se ha colocado la cabeza de Europa en fecundidad, al nivel de los nórdicos, mientras que los paísas del Sur ofrecen las tasas más bajas.

En el Viejo Continente, ningún país alcanza la tasa media de 2,1 hijos por mujer en edad de procrear, única que garantiza la renovación generacional, pero Francia se sitúa en cabeza, con 1,84 niños por mujer en 2019, la misma cifra que en 2018.

Malta, España, Italia, Chipre y Grecia aparecen a la cola, con entre 1,23 y 1,35 nacimientos. En España, la fecundidad bajó a 2 niños por mujer a comienzos de los años 80, y después ha seguido disminuyendo rápidamente.

Según, el demógrafo francés Gilles Piso, en la revista Population&sociétés, del Institut national d'etudes démográphiques, el estatus de la mujer está relacionado directamente con ese contraste entre países del Norte y del Sur. Tiene que ver con el desigual reparto de las tareas domésticas y la presión social por la maternidad.

En el pasado, las familias de los países del Este de Europa tenían más dos hijos (2,3 en Polonia y Eslovaquia, 2,3 en Rumanía...), y allí las mujeres llegaban a madres más temprano. Esas tasas de fecundidad se derrumbaron en los años 90, por las incertidumbres políticas y las dificultades económicas, hasta situarse en el entorno del 1,3. Sin embargo, ahora están remontando.

Los países del Este experimentaron un repunte de los nacimientos a mediados de la última década 2010. Por ejemplo, Chequia ha pasado del 1,1 en 2000 a 1,71 actualmente, y en Rumanía del 1,3 al 1,76. Tendencia parecida se aprecia en Eslovenia (1,6 actualmente), Bulgaria (1,56), Hungría (1,55)... y algo semejante ocurre en los bálticos. O sea, todos ellos por encima de España

Es el resultado de políticas de fomento de la natalidad, como las del Gobierno húngaro, que sigue anunciando medidas pro familia. Y como las que se aplican en Francia y en los países nórdicos.

La última recesión económica provocó en todos los países que las parejas recortaran su proyecto de paternidad a la espera de tiempos mejores, pero la tendencia bajista ha continuado a pesar de haberse superado la crisis, signo de una nueva tendencia no ligada a la coyuntura económica.

En Francia, la natalidad ha caído menos que en Estados Unidos o Reino Unido, como si los resultados de las políticas sociales y familiares hubieran amortiguado el impacto de la crisis y las consecuencias del paro.

La disminución de nacimientos suele atribuirse en España a las condiciones sociales y familiares y laborales de la mujer. Por contraste, Francia mantiene el tipo. Motivo: en España ningún Gobierno ha tenido al arranque de aprobar medidas que favorezcan la natalidad. No han tenido agallas.

Bueno, pues esta tremenda desgracia del coronavirus parece que va a traer un poco de remedio. Los expertos pronostican un baby-boom como resultado de las semanas de confinamiento en casa.

Bien le vendrá a este país de viejos.

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