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La ignorancia ecológica de los ecologistas

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El título de este artículo está tomado, a la letra, de un texto publicado hace pocos días por Manuel Alfonseca en su blog, y que, por lo significativo de su contenido, no me resisto a recoger.

Alfonseca es ingeniero de telecomunicación y autor de libros de divulgación científica.

Con tan llamativo título, escribe que la ecología es la ciencia que estudia las relaciones mutuas entre los seres vivos que habitan en un territorio determinado. Y los científicos que la practican se llaman ecólogos.

Por contra, "el ecologismo no es una ciencia, sino una ideología. Las personas que la practican (los ecologistas) no son científicos, sino activistas político-sociales".

Explica que los creadores de esa ideología escogieron ese nombre porque puede llevar a confusión, para aprovecharse del prestigio social de la ciencia, y, en fin, "para ganar votos".

Aunque -dice- hay excepciones, "muchos ecologistas son bastante ignorantes respecto a la ciencia ecológica" que se supone desean aplicar en sus políticas cuando consiguen el poder. Pero las consecuencias de dichas políticas "son a menudo contraproducentes e incluso trágicas". Y cita un ejemplo que me parece muy gráfico.

Al lado de la ciudad de Isla Cristina (Huelva) comienza una de las playas más hermosas y largas de España, de más de 15 kilómetros, que termina en Punta Umbría, la playa de Huelva, con la única interrupción de la desembocadura del río Piedras.

Desde las afueras de Isla Cristina, paralelamente a la playa, se extiende un pinar en forma de cinta, de más de cinco kilómetros por 100 a 200 metros de ancho, separado del mar por una duna de arena blanca.

Desde tiempo inmemorial, esta duna estaba fijada mediante sarmientos de vid clavados en la arena, para impedir que se desplazara, fijación que sólo se interrumpía en unos pocos lugares para facilitar el acceso a la playa.

En los años 80, cuando el PSOE llegó a la Junta de Andalucía, algunos ecologistas consiguieron puestos de poder en la consejería del medio ambiente. Y, con eslóganes como “hay que dejar obrar a la Naturaleza, sin interferencias humanas”, pusieron en práctica sus ideas en la duna de la playa de Huelva: retiraron los sarmientos que la fijaban, dejándola libre de desplazarse en función de los elementos.

"El resultado fue inmediato y catastrófico. En cosa de cinco años, la duna se había desplazado varios metros tierra adentro, hacia el pinar, y varios centenares de pinos fueron ahogados por la arena".

La Junta de Andalucía se dio cuenta de la barbaridad que había hecho y se volvió a fijar la duna, pero la han dejado peor de lo que estaba al principio, y el mal causado ya no pudo subsanarse.

"Una labor de conservación de siglos fue destruida en unos pocos años. Para colmo, el pinar tardará siglos en recuperarse. Treinta años después, los cadáveres calcinados de los pinos siguen estando allí, como muestra evidente de la incapacidad de los ecologistas".

Hasta aquí la cita. Como puede apreciarse, el caso resulta bastante ejemplificador.

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En Twitter @JoseApezarena

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