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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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¡Qué incorrección, echarse en cara los muertos!

Policías nacionales en la Gran Vía de Madrid.
photo_camera Policías nacionales en la Gran Vía de Madrid.

Un sindicato policial tiene convocada mañana, miércoles, una concentración ante al Congreso de los Diputados para protestar por las palabras de Pedro Sánchez en las que lamentó profundamente el suicidio del preso etarra Igor González, sin que "nunca" se haya preocupado por los suicidios en las fuerzas y cuerpos de seguridad.

Bajo el lema "Nosotros somos las víctimas. Protocolo Anti Suicidios Ya", cuentan con el apoyo de asociaciones de víctimas del terrorismo y de familiares de personas asesinadas por ETA.

Los convocantes "quieren pensar" que Pedro Sánchez desconoce que este año se han quitado la vida 15 servidores del orden, y que, sin embargo, no existe un plan de prevención, como sí lo hay en otras policías europeas.

Eso de echar en cara los muertos viene de antiguo. Ya lo protagonizó, por ejemplo, Mariano Rajoy, cuando, en mayo de 2005, montó un durísimo ataque a José Luis Rodríguez Zapatero, entonces presidente del Gobierno, achacándole "traición a los muertos".

Le acusó de haber vigorizado a ETA dándole lo que más podía querer: volver a las instituciones, tener una representación legalizada, recibir subvenciones. "Es usted quien se ha propuesto cambiar de dirección, traicionar a los muertos y permitir que ETA recupere las posiciones que ocupaba antes de su arrinconamiento".

Zapatero reclamó al entonces líder de la oposición que retirara lo de traicionar a los muertos, pero no hubo lugar. Fue un debate especialmente duro.

Hoy resulta más actual poner sobre la mesa los muertos por el coronavirus. Pedro Sánchez presumió de que su gestión de la pandemia había "salvado" 450.000 víctimas, pero le  persigue la realidad de unas cifras de fallecidos que su Gobierno se empeña en no reconocer. Y le acusan de que, en las estadísticas oficiales, "faltan" casi treinta mil víctimas mortales.

Pablo Casado cuestionó el domingo los datos de fallecidos, diciendo que la "propaganda" del presidente del Gobierno "no puede tapar la cifra real de muertos" por coronavirus.

Le respondió ayer José Luis Ábalos, que acusó al líder del PP de utilizar la técnica del calamar, es decir, "tirar tinta" al Gobierno para tapar los problemas que sufre ahora el partido (alusión al caso Kitchen), añadiendo que los populares tendrían que refundarse.

"Se pueden utilizar muchos argumentos -afirmó Ábalos-, pero el de los fallecidos pediría que no. No por el Gobierno, que ya sé que no merece respeto, pero sí por los propios fallecidos, que son inapropiables y no se pueden utilizar para el interés de cualquier causa".

Casi estoy de acuerdo con el ministro y secretario de organización del PSOE. Los muertos no deben ser utilizados por nadie. Pero, de igual manera, tampoco es de recibo que los muertos se escondan, como ha ocurrido a propósito del Covid 19. Por ejemplo, impidiendo imágenes de las morgues de urgencia que se habilitaron en Madrid. En España no se han visto ataúdes, y eso lo ha procurado el Gobierno para no verse castigado por la opinión pública. Por lo visto, el marketing y el electoralismo lo justifican todo.

Y a día de hoy sigue sin decir la verdad a propósito del número de víctimas mortales que ha provocado (y sigue causando) el coronavirus.

Así que, utilizar los muertos, no. Pero esconder la realidad y engañar a los ciudadanos, tampoco. Creo que los españoles merecen un poco más de respeto.

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