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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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El independentismo se ha parado en Cataluña

Niños cortando la C-32 durante la huelga general en Cataluña.
photo_camera Niños cortando la C-32 durante la huelga general en Cataluña.

Dedicaba hace unos días Le Monde un informe a la situación en Cataluña, en el que concluía que el nacionalismo ha entrado en una situación de “impasse”.

Contaba que estudios sociológicos recientes concluyen que el votante secesionista lo es en función de su lengua materna, su origen familiar y sus bienes.

El independentismo no es transversal. Seduce mayoritariamente a las clases medias y acomodadas, y penetra poco en las clases populares y ambientes más desfavorecidos. La adhesión es proporcional al número de antepasados nacidos en Cataluña: cuantos más, más se es permeable a las tesis separatistas.

Se encuentra mucho más en los hogares cuya lengua materna es el catalán, si bien la inmersión lingüística en las escuelas ha permitido que el 93% hablen catalán.

Según un estudio publicado el 15 de febrero en la web científica MDPI, titulado “Privileged Rebels: A Longitudinal Analysis of Distinctive Economic Traits of Catalonian Secessionism”, de los profesores barceloneses Josep M. Oller, Albert Satorra y Adolf Tobena, el nivel de ingresos y la lengua materna inducen variaciones en los sentimientos de identidad nacional que han provocado una erosión de la doble identidad catalana-española.

Y en el artículo “Conflict in Catalonia: A Sociological Approximation”, de los sociólogos Thomas Jeffrey Miley, de la Universidad de Cambridge, y Roberto Garvia, de la Carlos III, de Madrid, se concluye que es imposible comprender las dinámicas de la apuesta secesionista y los límites de su atractivo sin prestar atención a la condición etnolingüística de la sociedad catalana.

Estos datos van contra la idea de un “independentismo cívico”, no identitario, no nacionalistizado, que manejan los separatistas.

Los independentistas estaban convencidos de que la “represión” ejercida por el Estado (la actuación policial durante el 1-O, junto con las elevadas penas de prisión por sedición) haría aumentar el número de los partidarios de la secesión, pero la realidad es que los independentistas se han estancado en las urnas. Alcanzaron el 47,5% de los votos en las autonómicas de diciembre de 2017, y el 49,7% en las europeas de mayo, pero en las legislativas de noviembre se han quedado en el 42,6%.

Unos resultados que difieren poco de lo que obtenían los partidos nacionalistas catalanes mucho antes del giro independentista.

El vídeo del día

Ayuso cree que el nacionalismo catalán “se está hundiendo”.

Más que a los sucesos políticos, el voto independentista parece condicionado a una identificación previa con los partidos catalanistas. Para la mayoría de electores, cambiar de idea y abrazar el separatismo ha sido más fácil y lógico que votar a partidos “españolistas”

El impasse es total ahora, concluye Le Monde. Y, para que retroceda el voto independentista, parece indispensable que aparezca un partido nacionalista no independentista.

A pesar de lo cual, los independentistas creen que el tiempo juega a su favor, porque los estudios sociológicos indican que los catalanes de menos de 25 años están mayoritariamente a favor de la independencia.

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