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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Irene Montero no se saldrá con la suya

Irene Montero, durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros
photo_camera Irene Montero, durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros

Irene Montero se siente ganadora, después de que el Consejo de Ministros ha dado luz verde a la ley trans, técnicamente llamada “Anteproyecto de ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI”.

Ganadora, porque ha superado la resistencia numantina de, nada menos, la vicepresidenta primera del Gobierno.

Una ley que ha recibido críticas abundantes, y que, en resumen, presenta estos puntos más polémicos:

-Establece la autodeterminación de género. Las personas trans podrán cambiar su sexo y nombre en el DNI con solo solicitarlo personalmente, sin necesidad de testigos ni de informes médicos u hormonación.

-Rebaja a los 16 años el momento a partir del cual se puede ‘cambiar’ de sexo, y desde los 14 si está asistida por sus padres o tutores. Entre 12 y 14, la decisión será judicial.

-Afectará a la normativa a los casos de violencia de género.

-Las personas trans tendrán acceso a las técnicas de reproducción asistida en todos los centros hospitalarios públicos

Llegados aquí, tengo que decir que, desde mi punto de vista, esa ley no saldrá adelante. No, al menos, tal como está redactada ahora.

Esa predicción se basa, primeramente, en que tengo la convicción de que todo lo que es de por sí ilógico, antinatural, no subsiste. Tarde o temprano, cae por su propio peso. Y eso ocurrirá con la mayor parte del contenido de la ley trans.

De momento, se trata de un anteproyecto, que debe pasar por el tamiz de la revisión de los órganos consultivos, para después ser presentado en el Congreso de los Diputados, donde comenzará la tramitación parlamentaria, es decir, la fase de debate y enmiendas. Ahí se jugará todo.

Vistas las batallas ocultas que se han librado hasta llegar al acuerdo del Consejo de Ministros, y la resistencia de amplios sectores de la izquierda y del feminismo tradicional, encabezado por Carmen Calvo, me malició que, a su paso por el Parlamento, la ley, o la retrasan indefinidamente, o la cambian de arriba a abajo.

 

A ese respecto, no se puede perder de vista las llamadas a las diputadas socialistas para que opten por la insumisión cuando se vote la ley, tal como está ahora, en Congreso y Senado. A ver qué hacen.

Incluso me atrevo a dar un paso más allá, llevado de mi natural malicia.

Dadas la psicología y tácticas acreditadas por nuestro presidente del Gobierno, no excluiría que la aprobación del anteproyecto por el Consejo de Ministros fuera un concesión circunstancial, temporal, a la gente de Podemos, pero con voluntad de rectificarlo todo en el futuro. Precisamente durante la tramitación de la ley.

No descarto, en fin, que al final salga una norma más ajustada a las posiciones que ha defendido Carmen Calvo, que sigue creyendo que esa ley en realidad castiga a las mujeres.

Ya lo he dicho en otros momentos: si cualquiera puede ser mujer, ser mujer no es relevante.

Así que, por uno y otro motivo, pienso que Irene Montero no se saldrá con la suya. Al tiempo.

editor@elconfidencialdigital.com

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